Tener cantidad no significa que todos tienen que jugar. Significa, palabras más, palabras menos, que en la cantidad podés tener variantes a un once titular que después de cierto rodaje el entrenador le va perfeccionando ciertas cosas. Rotar no es bueno, ni feliz. Rotar en estas circunstancias no es más que darle a los jugadores la idea de inquietud. De obligarlos a sentir que ante cualquier error aparece el compañero para suplantarlo. Es verdad que esto es la ley del fútbol, donde debería jugar siempre el mejor, pero tampoco es la idea de exponer al jugador a un examen constante porque nadie está capacitado para bancarse esta presión.

En el segundo campeonato de Julio Falcioni en el club, buscó con diferentes sistemas el mejor rendimiento, pero ese equipo no daba pie con bola. Hasta que el "10", le dijo: "Julio, no cambie más esquemas, juguemos uno solo y vemos...". Y mientras veían, Boca salía campeón invicto, sacando doce puntos de diferencia al segundo.

Guillermo mete mano en el equipo (Nahuel Ventura-diario Crónica).

Esta es la realidad de Boca. De ideas que casi nunca terminan cuajando siquiera en un 50 por ciento. Al contrario, y pocas veces acierta, y mucho menos, cuando el cambio táctico estratégico debe hacerse dentro del partido.

Tener mucho no significa que jueguen todos. Tener mucho no exime al técnico de armar un once titular, jugársela por éstos; y luego, si es necesario, buscar en los suplentes las variantes que pueda necesitar dentro de un partido, entendiendo que cada enfrentamiento siempre es una historia diferente.

No hay excusas. Un solo partido de Copa Argentina, uno por Copa Libertadores y dos por Superliga. Eso no es haber tenido mucho rodaje.

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