Juan José López nació en Ciudadela el 31 de octubre de 1950 y criado en Guernica. Se enamoró de la pelota en los potreros de esa localidad. Hasta que a los 10 años fue elegido en la prueba que realizó en River.

Pero, Don Sócrates, su padre, rígido en los ejemplos y buenas costumbres, le impidió fichar en el club de Núñez hasta finalizar la escuela primaria. Y era más hincha de River que Labruna. Tuvo que probarse nuevamente, llevado por Palomino y a los 13 años hizo todas las divisiones inferiores en la institución riverplatense.

Tuve el orgullo de escribir su biografía:”El dolor de una traición”, trabajamos juntos cerca de un año y no salió a la venta por pedido de Daniel Passarella. Está terminado y nunca lo publicamos. Fue considerado como uno de los mejores número ocho de la historia, para muchos superando a José Manuel Moreno.

Su juego era vistoso y racional, con el Beto Alonso eran los ideólogos del accionar del equipo. El despliegue por la banda derecha provocó la admiración de la hinchada. Una de sus mayores virtudes fue quitar e iniciar el ataque en retroceso, algo que muy poco han podido plasmar en un campo de juego.

Lo hizo debutar Didí en 1970, y conociéndolo le brindó todas las libertades para que pudiese exhibir todas sus enormes condiciones. “El momento fue muy impresionante. Enseguida imaginé la cara de mi viejo, que como siempre estaba en la cancha, cuando me vio salir del túnel se volvió loco, me contaron sus amigos. Gracias a Dios pudo verme con sus propios ojos debutar en la Primera de River Plate, como lo había soñado antes de mi nacimiento. Cuando salí al campo de juego y vi a la gente que me aplaudía, me largué a llorar. Recuerdo que los primeros diez minutos me temblaban las piernas. ¿Se imaginan la emoción cuando los ubiqué a mis viejos? Te juro que lo que viví esa noche no lo olvidaré jamás…”

El Negro siguió creciendo futbolísticamente. Llegó la convocatoria a la Selección y con la llegada de Ángel Labruna escribiría la historia más importante de su campaña, cuando logró ser uno de los artífices de la leyenda del bicampeonato de 1975, después de la sequía millonaria de títulos más extensa, con 17 años sin alegrías.

Con la llegada de Alfredo Di Stéfano como técnico produjo que se vaya decepcionado del club millonario. “Regresaba de una operación exitosa de una hernia de disco y no cáncer como había hecho trascender algunos dirigente del club. Di Stéfano dijo que no me tenía en sus planes. El daño que me ocasionaron fue de tal magnitud que ningún club se animaba a contratarme. Fue el dolor de una traición”

Atrás quedaron 466 partidos, 32 superclásicos, 84 goles, 7 títulos y once años en la entidad de La Banda. El corolario final de este inédito escenario se compadeció con que el Negro, era el técnico del equipo que descendió.

Una intempestiva e incontrastable injusticia que hoy, por seguridad, no pueda asistir a la cancha. Como si él hubiese trabajado para que River perdiera la categoría. Pero su fracaso en el rol de entrenador, nunca podrá oscurecer su jerarquía de jugador y su amor por River.

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