El campeonato metropolitano de 1975 fue, para River, el fin de la era de las frustraciones. Aunque hoy parezca improbable, con ese título logró quebrar una nefasta racha de 18 años sin festejos. La última vuelta olímpica la había dado en 1957. Hoy se cumplen 45 años del regreso a la gloria para el Millo, cuyo gran acierto, en aquél año, fue haber contratado a Angel Labruna de técnico.

La primera declaración que realizó al asumir fue: "Vengo a salir campeón". Un tipo que nunca anduvo con vueltas. Venía de dirigir a Talleres de Córdoba y de realizar una muy buena campaña. En todos los clubes que estuvo, salvo en Racing, peleó campeonatos; era un ganador nato como jugador y como entrenador. En River, lo primero que hizo fue reforzar el plantel con jugadores de experiencia como Roberto Perfumo, Miguel Angel “Perico” Raimondo, Héctor Artico, Pablo Comelles, la Pepona Reinaldi y Oscar “Pinino” Mas, que no había rendido como se esperaba en canchas españolas.

Angel Labruna, el padre de la criatura, el que halagan todos los jugadores del plantel campeón.

Depo se dio el lujo de entrevistar a tres hombres claves de aquél equipo que dio por finalizada la mufa riverplatense. Ubo de ellos, Juan José López, recuerda el inicio de aquél proceso: “Con Labruna al principio no fue fácil…Tuvimos una extensa charla, el Beto Alonso, Mostaza Merlo y yo. Al Beto le pidió mayor sacrificio, a mí me pidió que oficiara de estratega pero con mucho más marca en el medio y algo parecido a Mostaza. De lo contrario, pensaba darnos en trueque a Independiente, por Perico Raimondo. Los tres, según la exigencia de Angel, debíamos mostrarle en los entrenamientos, con hechos concretos y sacrificios, que merecíamos continuar en el plantel. Una tarde, luego de la práctica, le respondí que mi sueño era quedarme en River y salir campeón. Esas conversaciones sucedieron en Necochea. Finalmente, nosotros tres nos quedamos en el club y se hizo el canje de los Pericos. Perico Pérez pasó a Independiente y Perico Raimondo fichó para River”. 

Y agrega, a modo de anécdota: "Cumplimos en Necochea una serie de amistosos y ahí fue donde se unió el grupo. Un día había gente en las tribunas y Perfumo estaba muy duro por los ejercicios preparatorio, tanto que se reía. Y por eso varios hinchas mos empezaron a insultar: '¡Rajen a estos viejos que no se pueden mover…!', gritaban. Y ahí fue que Angel salió como un cohete a enfrentarlos y rápidamente fuimos todos a apoyarlo. Entonces él enseguida nos frenó y nos dijo: `Muchachos, me pongo muy contento por la reacción de todos. ¡Eso es lo que pretendo! Un grupo compacto que nos defendamos a muerte`... Sin dudas ahí empezó a forjarse el campeón”.

El lujoso mediocampo riverplatense, con Mostaza Merlo, Alonso y J. J. López.

J. J también contó que “el nuestro era un equipo que jugaba bien en todas sus líneas. Ganamos la primera rueda con la excepcional ventaja de ocho puntos. Ya en ese momento, la relación con Angel mejoró sustancialmente, hasta que se convirtió en óptima. Yo me había convertido en un referente y conversábamos mucho. Por pedido de Labruna, era el responsable de transmitir en el equipo las modificaciones técnicas y tácticas, así como las correcciones de los errores que cometíamos".

A su turno, Carlos Manuel “Puma” Morete, el goleador de aquél equipazo (marcó 23 tantos, tres más que el Beto Alonso), le cuenta a Depo: “El mérito de mi actuación en ese torneo fue del ilustre Angel Labruna. El me recuperó para transformarme en el goleador. Me conocía mucho porque me hizo debutar, en su primer período en River, en marzo del ’70. Yo venia de un ’74 malo, erraba muchos goles y había perdido confianza. Me habló mucho con mentalidad ganadora. Y me convenció una tarde: ’Cuando ingrese a la cancha vaya y convierta un gol, ese ruido de la pelota al golpear los piolines de la red le traerá suerte y le dará confianza. A mí me sirvió mucho’, me dijo. Me acuerdo como si fuera hoy. Eso quedó como una cábala intocable y comencé a embocarla seguido, muy seguido".

Morete, el goleador del campeón, en la tapa de una revista partidaria. Imagen repetida de aquél año.

El Puma Morete, en cuanto a su capacidad goleadora, también rememora: "Hubo tres cosas que se mantienen inalterables en mi retina de ese Metro ’75. Una fue el triunfo en la Bombonera donde tuve la suerte de convertir junto con el Beto Alonso; el otro fue uno de mis mejores partidos, frente a Colón de visitante, que marqué dos goles, en un encuentro muy chivo. Y lo último, haberme ido de Núñez con el título bajo del brazo, luego de tantos sufrimientos. Enseguida de ese Metropolitano fui transferido a España”.

Lo gracioso de esa cábala del artillero, en palabras de J. J. López, fue que "cuando partió el Puma a Las Palmas, Angelito quiso continuar con la cábala y resulta que era y el que tenía que hacer esa jugada. El primer día sin Morete, en forma imperativa me ordenó: `Juan, hacé vos el gol antes de comenzar el partido, como hacía el Puma…`. Yo le dije que no era goleador, pero rápidamnete Angel me respondió: `No importa, hacelo vos carajo, y no jodas más`. No me quedó otra que obedecer y marcar el gol".

Por último, la tercera voz autorizada del histórico River campeón del 75 es su arquero, el inmenso Ubaldo Matildo Fillol, quien en la misma sintonía que los otros dos, acotó: “Sin duda fue Angel Labruna el padre de la criatura, el alma del equipo que supo elegir jugadores, resolver problemas en los entretiempos y darnos consejos a cada uno. ¡Un genio!". Y también recuerda que "se complicó un poco en la segunda ronda, pero Angelito veía que el objetivo estaba muy cerca. Revolucionó a la gente, le devolvió la esperanza, jugábamos siempre a cancha llena. Muchas veces a los rivales le hicimos perder la localía porque la cantidad de gente que llegaba no cabía en el estadio. El rendimiento del plantel fue abrumador, también ganamos el Nacional del ’75, o sea que fuimos bicampeones. La inspiración de Angelito movilizó y contagió a todos".

El Pato Fillol, el emblema del arco.

El Pato, por último, se refiere al día de la consagración, esa que llegó el 14 de agosto de 1975 de la mano de los juveniles, debido a la huelga de jugadores profesionales en el país. "A veces sueño que estoy gritando el gol del pibe Bruno contra Argentinos en cancha de Vélez, porque nosotros no pudimos jugar por la huelga, una huelga que se levantó en la última fecha, sin haberse solucionado los conflictos que la originaron. Así y todo, debo reconocer que ese título fue una de las alegrías muy significativas que me dio el fútbol y que jamás volví a integrar un equipo como ese de River del ‘75”, afirma Fillol. Un equipo que, sin dudas, está grabado a fuego en todos los riverplatenses.

El juvenil Bruno, autor del gol del título en cancha de Vélez, ante Argentinos, el día que no pudieron jugar los profesionales por una huelga general.

Por Alfredo Luis Di Salvo

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