Es el mismo equipo que tuvo al borde del nocaut a River; que le ganó con actitud a Racing; o el que estuvo a minutos de llevarse un triunfazo de cancha de Vélez. Pero también es el que perdió con Lanús jugando un tiempo con uno más; el que fue goleado en su propia casa por Godoy Cruz y el que perdió sin atenuantes ante un Aldosivi que venía de sufrir ocho caídas en fila. ¡Es Independiente!

Claro, el que no le da margen a la capacidad de asombro. Es el que ahora, ante su gente y habiendo logrado lo más difícil en el fútbol (ponerse en ventaja), entregó una penosa imagen ante un tibio Sarmiento. Igualó 1 a 1, hace rato se despidió del torneo, ya empezó a decirle adiós a la Libertadores y si sigue así, no tendrá siquiera el consuelo de la Sudamericana.


A diferencia de lo ocurrido el domingo último en Mar del Plata, Independiente fue el que logró ponerse en ventaja casi en el vestuario. A los 5, Lucas Romero empujó de zurda por el segundo palo aprovechando un tiro libre en centro de Soñora. 


Pero al igual que lo sucedido en el Minella, el gol lo adormeció. Ahora lo que se percibió era que le costaría horrores conservar la ventaja. ¿Por qué ocurre esto? Seguramente sea un tema para el diván, pero el Rojo está muy mal de la cabeza. 


Entonces, con el marcador a su favor, el equipo de Falcioni equivocó la resolución de acciones simples y permitió que un tibio Sarmiento tomara confianza. Hasta que a los 31, Gondou se elevó entre los dos centrales locales y su cabezazo medido superó la estirada de Sosa.


El estadio se convirtió en un verdadero Infierno. Y Sarmiento sacó tajada del clima exterior para manejar el trámite con comodidad y cerrar la primera etapa entregando una mejor imagen mientras los silbidos e insultos bajaban de los cuatro costados del Libertadores de América. 


La peor versión de Independiente se vio en el complemento. Un equipo sin alma, distraído, desmotivado y despreocupado. Como si le diera lo mismo. El Kiwi aprovechó la pasividad de un equipo híbrido y le generó un par de dolores de cabeza. Estuvo cerca Martín García y casi la mete en contra Ayrton Costa.


En cambio el Rojo solo llegó con un cabezazo de Insaurralde que tapó Vicentini. Nada más para destacar. Poco, diríamos nada para un gigante que está más dormido que nunca y que a esta altura nadie sabe como hará para despertar.

 
 
 
 

Comentarios