El Pato Fillol ha sido uno de los grandes arqueros de la historia, considerado el mejor del mundo en el Mundial de 1978. De carácter y personalidad fuerte, trabajador infatigable desde chico y siempre enrolado en el sacrificio. Siempre mostró reflejos extraordinarios, físico cuidado y preparado para la alta competencia, y un grado superior de vergüenza profesional. Es un permanente ejemplo, por su dedicación, orgullo y amor propio. Estuvo en River desde 1973 hasta 1983, donde conquistó 7 títulos.

Con actuaciones inolvidables, se destacó su carrera en la Academia, con Angel Labruna de técnico, jugando un magnífico campeonato ganándose el cariño de su hinchada; en esa temporada atajó seis penales. Durante casi cinco años se desempeñó en Racing y obtuvo la Supercopa Sudamericana en 1988. “Tuve la suerte en mi vida, en satisfacer el fanatismo deportivo de mi padre y de mi madre. Papá era apasionado millonario y la vieja se enloquecía con Racing. La gente racinguista siempre me trató con mucho afecto y me siento muy agradecido por ese sentimiento”.

–¿Cuál es tu lectura del último clásico de Avellaneda?

–Son partidos raros, por eso se los considera históricos. Fue claro que Racing tuvo mayor entrega y rebeldía, incluso cuando estaban 11 contra 11. 

–Pato, vos que sos entrenador de arqueros, ¿cómo lo viste al arquero suplente de Racing?

–García mostró todas sus condiciones, le dio al equipo una sensación de seguridad total y se fue ganando a la hinchada poco a poco. Es traumático ingresar y tener que controlar un tiro libre y en un clásico. Sin embargo, él mostró una enorme capacidad para adaptarse a situaciones complicadas. Inclusive salvó el partido tapando dos pelotas claves que tenían destino de gol. Por algo terminó siendo aplaudido.

–¿Cómo observaste el encuentro cuando Racing se quedó con 9 hombres?

–Fue un equipo que supo defenderse bien, que se desplegó bien tapando la salida del rival. A Independiente lo noté que no sabía qué hacer ni con la pelota ni con los espacios vacíos. Cometió errores futbolísticos y tácticos algunos muy groseros. Les faltó determinación para ir a lastimar al rival. Por eso considero que fue un triunfo épico no solamente en Racing sino en todo el fútbol argentino.

–¿Te hizo recordar a la hazaña de Ricardo Bochini contra Talleres?

–Te anticipaste, lo iba a recordar porque ese partido también fue una proeza. Recuerdo que ocurrió en el ’78 y a Independiente le echaron tres jugadores y faltando poco para el final la categoría del Bocha quedó para siempre en la admiración del fútbol de nuestro país, empató el partido y salieron campeones del Nacional de 1977. El técnico era Pastoriza, las veces que lo conversamos en distintas cenas en las pizzerías que tenía... Ahora le tocó a Racing y es lógico el festejo y muy merecido, y va a engrandecer la galería de clásicos inolvidables; el hincha no olvidará nunca más este encuentro…

Por Alfredo Luis Di Salvo

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