La medicina cura las heridas corporales pero solamente el tiempo es capaz de cicatrizar los dolores del alma. Independiente quedó aturdido por la eliminación de la Libertadores pero comprendió que no había demasiado margen para el lamento.

Por una cuestión de calendarios volvió a presentarse ante su gente después de 19 días y de ambas partes entendieron que no podían imponerse los reproches. Sin competencia internacional y desplazado de la Copa Argentina, los objetivos para el conjunto de Avellaneda ahora son a largo plazo, a tal punto que la mira está dirigida hacia una Superliga que caduca en abril.

Así y todo la distancia es amplia con el líder (el rival de toda la vida) por lo que no puede dejar más unidades en el camino. En ese contexto, empezó a dar síntomas de reacción en la última excursión por Paraná (venció a Patronato) y este domingo ratificó que está vivo en su propia casa, donde no tuvo piedad y venció 3-1 a un apático Huracán, que estuvo muy lejos de mostrar la versión que le había permitido ganar los cuatro compromisos anteriores.

La diferencia en el marcador sólo se justifica por la poca efectividad del local. Es que si bien anotó tres conquistas, en caso de haber calibrado mejor la puntería todos los caminos hubiesen apuntado a una goleada histórica.

Sin ir más lejos en el primer cuarto de hora el Rojo generó siete situaciones de riesgo, aunque abrió la cuenta a los dos minutos (mediante Emmanuel Gigliotti) y después despilfarró una acción tras otra.

En la última media hora de la etapa inicial el Globo trató de nivelar el desarrollo y, si bien siguió siendo inferior, tuvo la posibilidad de alcanzar la igualdad, aunque Pablo Álvarez no pudo anotar en una acción de balón detenido.

En el complemento la supremacía continuó. Independiente mostró un rendimiento similar al de 2017 y se potenció porque se topó ante un oponente que estuvo inconexo en defensa, desbordado en el mediocampo e irresoluto en la ofensiva.

Así logró estirar la cuenta mediante Martín Benítez y, a pesar del inmerecido descuento del ingresado Diego Mendoza, el Rojo liquidó el pleito con un nuevo grito del Puma, quien alimenta la ilusión de instalarse en el pelotón de arriba en el certamen doméstico.

Tras un exquisito pase de Gaibor, Gigliotti anota el primer gol del partido. (FotoBaires)
Martín Beníte celebra su gol, el segundo de Independiente a Huracán. (Fotobaires)
El Puma liquidó el partido con un potente remate cruzado. (Fotobaires)

 El resumen del partido:

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