El fútbol puede, o no,  darte amigos. Hay casos en los que un jugador encuentra personas especiales en el deporte de la pelota número 5 y también están los que cuentan que sus íntimos son los de siempre, esos que compartieron desde la infancia.

Lo que no es fácil es escontrar un "ídolo" en el más popular de los deportes. Seguramente que hay muchas personas que tienen su jugador preferido. El de Ignacio Russo está cantado, aunque lo sea más por lo que recibió de su parte. Su papá es Miguel Ángel Russo, campeón como jugador con Estudiantes, fundamental en la clasificación al Mundial que después ganó Argentina en México y, ya como entrenador, dueño de unas cuantas vueltas olímpicas y ascensos. Miguel no sólo le dio los consejos necesarios y le inculcó los valores sino que además estuvo siempre a su lado. Por eso él tuvo una respuesta recíproca, especialmente cuando tuvo su batalla más dura contra un cáncer al que venció por goleada.

-¿Me equivoco si te digo que no hay buscar afuera a tu ídolo?

-No, evidentemente es él. Mi viejo me dijo que disfrute siempre, no sólo en lo que tiene que ver con el fútbol sino también en la vida. Que disfrute cada momento, que sea feliz, que aproveche las situaciones. Siempre me aconseja. Ahora que vine a Chaca le pedí su opinión y me dijo que si yo estaba confiado, que le diera para adelante. Así como en todo de la vida. Me estuvo apoyando, siempre estuvo presente. Trata de venir a verme cuando tiene tiempo porque está a mil. En ese sentido, siempre me dice que aproveche, disfrute y sea feliz.

-¿Cómo es cuándo te va a ver?

-Me mira tranquilo. Que esté él no me pone nervioso pero es como que al final del partido necesitaba una visión diferente a la del común de la gente. Siempre que termina un partido intercambiamos opiniones: el me dice lo que piensa y yo lo que siento. Por ejemplo ahora en Arabia (dirige Al-Nassr), que trato de ver todos los partidos, le digo: "mirá, me pareció esto, lo otro". Y nos quedamos hablando un rato.

-¿Cómo reaccionó cuándo te inclinaste por ser futbolista?

-En realidad fue un poco más mi vieja que me llevaba a entrenar cuando era chico. Pero esto de ser futbolista se fue dando solo. De chiquito pateaba una pelota, no porque mi papá sea Miguel. Después sí me dio su punto de vista sobre como me tengo que manejar, como debo descansar para dar el ejemplo para entrenar. Eso sí necesitaba porque hubo un momento que tenía 18 años y me rompí los ligamentos cruzados. Cuando un jugador está lesionado se le viene el mundo abajo y se replantea las cosas. Ahí tanto él como mi novia de ese entonces y mi mamá fueron los que me sostuvieron para salir adelante.

-¿Alguna vez tuviste ganas de trompear a alguien por las críticas al viejo?

-No, la crítica existe y no a todos le va a gustar como juega Miguel o sus equipos. Sino tenés que salir a la calle y pelearte con todo el mundo. Hoy, las redes sociales no las leo pero tengo familiares que me escriben diciéndome: "mirá lo que pone este...". ¿Y quéres que te diga la verdad? Me interesa tres carajos. No le doy importancia porque sino te terminás haciendo malasangre por alguien que tal vez no tiene idea de fútbol o que nunca pateó una pelota. Todas las cosas son respetables pero hasta ahí nomás.

-Igual es difícil quedarse en el molde...

-Si, es duro. Rosario y Boca son clubes grandes, que tienen repercusión y llegada y por eso sus técnicos están abiertos a la crítica aunque ganen 3 a 0. Siempre hay algo que te van a criticar o no te va a gustar y eso no se puede cambiar porque la gente es así. Hay hinchas a que les gusta otros tipos de juego u otra cara. Por ahí vas ganando por goleada y si no sonreís sos un amargado.

-¿Qué papel jugaste cuando tuvo esa enfermedad de m...?

-Y... lo único era apoyar. Tratarlo como a uno más y no como a una persona enferma. Al tratarla como tal, la debilita mentalmente. Yo creo que fue lo que entendimos todos. Cada uno puso su granito de arena apoyándolo para que él esté bien, contenido. Para colmo estaba afuera del país, lejos de todo. Obviamente se atendió con los mejores médicos pero nunca nada te garantiza un buen resultado con el tema de la salud. Es muy complicado. Además hay mucha fuerza mental, todo de la cabeza. Por más que uno esté encima, que apoye, si no tiene voluntad, no iba a poder curarse. Pero pienso que tuvo que ver con él que entendió lo que tenía y su fuerza mental y nosotros con el papel que nos tocó. Seguramente mi hermana más grande o su mujer tuvieron un papel más influyente sobre él. Yo entendí mi parte y apoyé desde donde pude y por ahi trataba de sacarlo del fútbol, hablando de otro tipo de temas para que no esté metido siempre en lo mismo.

-¿En algún momento lo viste con intención de tirar la toalla?

-Es que yo creo que durante el tratamiento él no estuvo mal. Obviamente con todo el desgaste físico que los tratamientos generan, estuvo más flaco y no le crecía el pelo. Lo que le pasó después de la operación fue que contrajo un virus intrahospitalario y ahí fue donde estuvo mas complicada la situación. Eso fue lo que hizo que se demorara más tiempo. El tuvo un punto muy clave que no dejó de trabajar. Yo creo que si dejaba de hacerlo, hoy no la está costando. Es lo que me queda a mí. Capaz que hablás con él y te dice otra cosa.

-¿Vos pensás que el fútbol lo salvó?

-Entre comillas, si. Fue la mejor medicina que le podía pasar. Lo veía, me tocó estar un tiempo en Colombia en el último mes, cuando estaba estable y tenía prevista la operación. Pero siempre quería entrenar, estaba feliz y se olvidaba de todo. Creo que eso fue un cable a tierra.

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