Fue uno de los grandes jugadores de su generación. Hábil, veloz, pícaro, distinto. Y un 11 de agosto de 1996, con tan sólo 16 años, Pablo César Aimar debutaba en Primera en la derrota de River ante Colón por 1-0. Desde ese momento, forjó una carrera plagada de éxitos.

El Payaso, que en su Córdoba natal despuntaba en Estudiantes de Río Cuarto, contó cómo fue su llegaba al Millonario: “Venía de una charla con mi viejo, que me dijo ‘hay un millón como vos. Andá, disfrutá, conocé la cancha de River, conocé el club. Disfrutá que te vas a medir con chicos que juegan en AFA’. Era otalmente diferente a lo que nosotros jugamos en el Interior, otro nivel, obviamente”.

Obviamente, en Núñez no esperaron y se quedaron con un diamante en bruto. “Después de esa primera práctica, me dicen que me tengo que quedar, que hable con mis viejos, que me manden los papeles del colegio. Realmente no era mi idea quedarme”, agrego Aimar. 

Luego, recordó sus primeros momentos con el plantel profesional: “Es difícil entrar a un grupo que no conocés, con tipos grandes, con tipos conocidos… Con un montón de miedo, porque la palabra, al final, es un poco ésa. Y les deseo a todos encontrarse con gente como Hernán Díaz, como el Mono Burgos, como Pichi Escudero, Juanjo Borrelli. Gente buena, que te tratan bien, que te hacen sentir uno más”. 

El Payaso jugó en una época dorada del Millonario.

Un plantel de estrellas

¿Cómo fue aquel primer paso en River, donde Ramón Díaz era el DT? En un equipo plagado de estrellas y que venía de ganar la Copa Libertadores, al Payaso le tocó un debut poco feliz en Santa Fe, donde un Colón agobiando por el promedio lograba, con el gol de Carucha Muller, asegurarse su permanencia en Primera. 

Al año siguiente ganaría el Clausura y el Apertura de 1997, anotando su primer gol el 20 de febrero de 1998 frente a Central. Siendo un gran asistente, creativo y veloz, Aimar fue una pieza vital en el Torneo de Apertura ganado en 1999, formando una gran sociedad con Javier Saviola, Juan Pablo Ángel Ariel Ortega. En el Clausura de 2000, ya bajo la dirección técnica de Américo Gallego, obtendría el bicampeonato siendo figura y marcando un gol en el día de la consagración frente a Ferro. 

Luego llegaría su etapa europea plagada de éxitos en Valencia, luego partió hacia Zaragoza y volvió a saborear las mieles del éxito en el Benfica de Portugal. Ya veterano se dio el gusto de salir campeón en la exótica liga de Malasia jugando para Johor Darul Takzim, mientras que tuvo una vuelta a River donde apenas jugó 15 minutos y, aquejado por problemas físicos, decidió retirarse. 

Con Riquelme forjó una inquebrantable amistad.

Su última vez en una cancha fue el 23 de enero de 2018, donde disputó 50 minutos del encuentro de vuelta por la Ronda Inicial de Copa Argentina 2018 en el que Estudiantes de Río Cuarto igualó sin goles ante Sportivo Belgrano de San Francisco.

En la Selección Argentina, ganó el Mundial Sub 20 de Malasia en 1997, en un equipo que brillaba por su estilo de juego. También conquistó los Sudamericanos de 1997 y de 1999. En la Mayor jugó los Mundiales de Corea y Japón 2002 y de Alemania 2006, además de la Copa de las Confederaciones 2005 y de las Copa América de 1999 y 2007.

Gran amigo y compinche de Juan Román Roquelme, otro elegido, Aimar fue uno de los últimos exponentes del enganche clásico, una raza de jugador que cada vez se extraña más.

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