Era una parada muy complicada. De visitante, con un estadio que era una verdadera caldera y ante un rival que ya se sentía campeón tras el empate en la ida. Pero fiel a lo que fue la campaña de Carlos Bianchi en el club, Boca se plantó en Brasil, neutralizó al temido Palmeiras (0-0) y, en los penales (4-2), sacó a relucir toda su mística para conquistar la Copa Libertadores luego de 22 años, un 21 de junio del 2000.

No se presentaba sencilla al historia para el Xeneize luego del empate 2-2 en La Bombonera, donde no pudo lograr una ventaja a pesar de estar dos veces arriba en el marcador gracias al doblete del Vasco Arruabarrena. A cada golpe del local, Palmeiras respondió de la misma forma con los goles de Pena y de Euller. Y los brasileños se fueron con la sensación de tener la Copa en el bolsillo. Claro, no contaban conque enfrente estaban Bianchi y un grupo de jugadores que hacían posible lo imposible.

Ya en Brasil, la previa era triunfalista. Hinchas del equipo paulista luciendo posters, camisetas, gorros y bufandas con la leyenda de campeón de la Libertadores, la prensa local yendo en la misma dirección y suponiendo que todo iba a ser un sencillo trámite para los de Luiz Felipe Scolari... Sólo cuerpo técnico y jugadores de Boca, los más de 10.000 hinchas que viajaron a vivir la final y los varios millones que lo miraron por TV en Argentina pensaban que la historia podría ser distinta. 

Los posters que se vendían en la previa, otra muestra del triunfalismo brasileño.

"Los equipos brasileños son arrogantes, se sienten campeones antes de jugar. Bianchi sabía eso y que la presión iba a jugar en contra de ellos. Cuando empatamos en la Bombonera estuve en el banco ese partido, muchos hinchas pensaban que en Brasil era imposible y recuerdo que hasta mi suegro que es hincha de Vélez me dijo que iba a viajar porque conociendo a Bianchi sabía que Boca iba a salir campeón", recordó José Basuado, uno de los puntales de ese equipo.

Además, recordó cómo Bianchi motivó a todos minutos antes de salir a jugar la final: "Antes del partido, Bianchi pegó en las paredes del vestuario recortes donde el DT del Palmeiras decía que ya eran campeones, eso nos movilizó. Riquelme pedía la pelota siempre y los demás teníamos mucha personalidad. La definición se estiró a los penales y ahí apareció Córdoba, que era un arquero inmenso".

La inteligencia, su marca registrada

Si algo caracterizaba al Boca de Bianchi, además de ser letal cuando se lo proponía, era su inteligencia para encarar los partidos. Claro, esto fue posible por la enorme jerarquía que tenía ese equipo. Y en Brasil hizo gala de esto, sabiendo anular a su rival e incomodándolo con Riquelme, Guillermo y Palermo, al que le anularon un gol por un offside inexistente de Arruabarrena. 

"Siempre dije que en el fútbol se puede tener buenos, regulares o malos jugadores, pero si no son inteligentes no sirve de nada. Ese plantel de Boca tenía 20 jugadores inteligentes", recordó Bianchi sobre aquella epopeya. "Ese año lo habíamos comenzado mal porque tuvimos muchas lesiones, aunque siempre primero estuvo el equipo. En enero yo no tenía Palermo, se rompió los ligamentos Serna y Bermúdez estuvo durante un tiempo desgarrado. Eran gran parte de mi columna vertebral", agregó el Virrey.

"Nos vemos en Tokio" decía el cartel. Y sí, este equipo de Boca, meses después, se treparía a la cima del mundo.

Pero Boca logró llevar el partido a la definición por penales tras el 0-0, resultado que de por sí sirvió para darle un baño de realidad a los paulistas. Las caras de preocupación en los jugadores de Palmeiras y la expresión atónita de los hinchas sólo indicaban algo: se metieron en una situación a la que no tenían pensado llegar. Y eso se notó. 

"En la previa nos reunimos con el Pato Abbondanzieri, con Carlitos Ischia y con Carlos Bianchi para observar videos de cómo pateaban los penales los jugadores del Palmeiras y también analizamos a su arquero Marcos. Cuando termino el partido en el Morumbí, Bianchi se acercó y me preguntó como me sentía para la definición y le dije que no me acordaba nada de lo que habíamos hablado porque tenía una adrenalina bárbara", contó Oscar Córdoba, uno de los héroes de aquella noche.

Carlos Bianchi, el cerebro tras la primera de varias grandes conquistas internacionales.

"Carlos me tranquilizó, me recordó que Ischia se iba a colocar detrás del arco para anunciarme como pateaba cada rival. El primero de Alex a la izquierda casi lo atajo, me pasó por debajo del cuerpo, y el de Asprilla fue más fácil porque lo conocía desde que teníamos 14 años, así que me tiré a la derecha y pude contenerlo", agrego el colombiano.

Y así fue. Si bien Alex y Rogério pudieron doblegar al arquero xeneize, Faustino Asprilla y Roque Júnior dejaron sus remates en las manos del caleño. Del otro lado, Guillermo Barros Schelotto, Juan Román Riquelme y la rúbrica final del Patrón Bermúdez sellaron el 4-2 y desataron la locura argentina en medio de un Morumbí abrumado y que pasó de vivir un sueño a transitar una pesadilla. 

Boca volvía a ser el rey de América iniciando un período dorado a nivel internacional que, todavía, le depararía varias victorías épicas, una de las cuales se daba tan sólo unos meses después: la conquista de la Copa Intercontinental frente al Real Madrid de Casillas, Roberto Carlos, Figo y Raúl. Pero esta es otra historia. 

"Era un conjunto de hombres. Adentro de la cancha dejábamos todo, con jugadores de gran calidad y con un técnico increíble que nos bancó siempre y que potenciaba a los suplentes tanto como a los titulares y creaba una sana competencia por el puesto", cerró Córdoba.

Esa noche del 21 de junio del 2000, Boca había formado con Oscar Córdoba; Hugo Ibarra, Jorge Bermúdez, Walter Samuel y Rodolfo Arruabarrena; Sebastián Battaglia, Cristian Traverso y José Basualdo; Juan Román Riquelme; Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo. 

Por Cristian Re

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