El tenis es uno de los deportes más populares de nuestro país y en gran parte se lo debemos a ese fenómeno nacido el 17 de agosto de 1952 llamado Guillermo Vilas. También hay que agradecérselo a don Roque, el padre de ese chico inquieto que a los cinco años recibió como regalo una raqueta. De purrete, en las reuniones de fines de semana de los más grandes en Mar del Plata, el niño Guillermo despuntaba el vicio jugando al frontón, corriendo de un lado para el otro y mostrando una gran técnica en su muñeca izquierda. Tenía pasta.

Con 9 años obtuvo su primera medalla en un torneo interno del Club Naútico y ya en 1967, merced al amor que iba mostrándole a ese hermoso juego, viajó a Buenos Aires. A los 18 años ya era el mejor tenista de la Argentina, después de meter dos finales del Orange Bowl, torneo que ganó en el dobles.

El salto a los profesionales casi no se sintió. Dueño de un talento increíble y un top spin admirable, Vilas demostró que estaba llamado a ser un grande entre los grandes. Cincinatti en 1972 lo vio en su primera final, aunque fue derrota. Pero enseguida comenzó a codearse con la gloria, al punto de conquistar 62 títulos, lo que aún lo mantiene en el tope de los tenistas argentinos con más logros en la Era Abierta.

Está claro que los torneos grandes se ubican por encima de todo, pero la primera consagración siempre tiene un sabor especial. Y más aún si es en casa. El título número 1 de Vilas se dio precisamente en Buenos Aires ante quien fue uno de sus grandes adversarios: el sueco Bjorn Borg. Por su carisma, su calidad y su juego divertido, se consolidó como ídolo. Era muy querido en el exterior y amado en la Argentina.

La gente se volvía loca con su juego. Y se fascinaba cuando hacía La Gran Willy (su gran invento), que consistía en pasar la pelota entre ambas piernas y de espaldas. Supo levantar multitudes con esa acción que hoy parece ser un golpe normal pero que en aquel tiempo era propiedad exclusiva de él. El sueño de todo tenista es alzarse con los torneos de Grand Slam.

Vilas ganó cuatro (Roland Garros 1977, US Open 1977 y Australia 1978 y 1979). Además fue finalista del Abierto francés en 1975 (perdió con Borg) y 1982 (con Mats Wilander) y del de Australia 1977 (con Roscoe Tanner). En orden de importancia le sigue el Masters, que ganó en 1974 y donde, dicen, jugó el mejor tenis de su vida. También se adueñó de 7 Grand Prix Championship (los Masters 1000 actuales). Y por si eso fuera poco, metió récords impresionantes: por ejemplo, en 1977 ganó 16 títulos.

Ese año logró imponerse en 46 partidos consecutivos y tuvo un número similar de éxitos seguidos en polvo de ladrillo, una cifra que un tal Rafael Nadal, 29 años después, logró romper. A lo largo de su carrera logró 949 triunfos (está cuarto en esta lista). ¿Qué le faltó? Wimbledon. Y bueno... a pesar de que su pensamiento fue que “el pasto es para las vacas”, no hizo papelones. Es que en dos ocasiones llegó a cuartos. El tenis tiene muchísimos adeptos en el país. Los más purretes imitan a Del Potro a la vez que mencionan con énfasis a los integrantes de la legión. Pero no hay quien no sepa quién fue y es Guillermo Vilas. Ídolo total. Número 1 indiscutido del deporte de la raqueta. Gracias por tu magia, Willy.

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