¿Lobo, está? Claro que sí. Y de qué manera. Ante su gente, Gimnasia tuvo una gran presentación: venció por 1 a 0 a San Lorenzo, que lejos está de un buen arranque de torneo, y se mantiene invicto en las dos primeras jornadas del certamen, motivo por el club los Triperos comienzan a ilusionarse. Todo lo contrario a lo que ocurre en el Ciclón, un equipo sin ideas y que prácticamente no atacó en su excursión a la ciudad de las diagonales.

La primera parte fue un verdadero dolor de ojos. Si bien los de Pedro Troglio intentaron imponer condiciones, todo duró muy poco y rápidamente el juego se tornó más friccionado que jugado. En ese contexto, el que tuvo que poner un poco más de atención fue Sebastián Torrico, tras un disparo de Brahian Alemán. Después, nada de nada. Y como si fuera poco para la visita, antes del descanso se quedó con un jugador menos por la expulsión de Yeison Gordillo.

Y con un menos, todo cuesta arriba para San Lorenzo. En ningún momento pudo generar peligro (salvo una pelota parada que Luján definió por arriba) y el Lobo lo aprovechó. Manteniendo la calma, siempre con orden y sin desesperarse, los de Néstor Gorosito encontraron el premio mayor merced a la conquista de Cristian Tarragona, quien tras pase de Gerometta aprovechó la desatención de los dos defensores visitantes y la mandó a guardar con un preciso remate que se metió en el ángulo derecho. De ahí en más, pese a que faltaba más de media hora de juego, la sensación fue de trámite concluido.

El Ciclón nunca tuvo argumento como para poner en peligro al arquero Rodrigo Rey y así el Lobo se fue aferrando a tres puntos de oro. Y la mínima diferencia en el marcador sólo se debió a la gran tarea de Sebastián Torrico, fundamental para que la imagen del Ciclón no fuera peor.

Llegó el pitazo final del árbitro Fernando Echenique y con ello la tremenda alegría en el Bosque, con los hinchas de Gimnasia que empiezan a ilusionarse con ver a un equipo entre los primeros puestos de la tabla. Todo lo contrario a lo que ocurre en Boedo, donde todo es preocupación en un equipo que aún no ganó ni muestra buenas ideas futbolísticas.

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