Que hayan pasado 40 años de su creación y que las generaciones actuales aún la busquen en YouTube para refrendar con tecnología 2020 el antes y el después que marcaron sus estrofas, habla de lo que significa "Honrar la vida". Ese imprescriptible hito de la música nacional que parió Eladia Blázquez y que popularizó Sandra Mihanovich, con claro mensaje explicativo sobre la necesidad de aprender a valorar como corresponde la simple dicha de tenerla. De rendirle, con acciones y no con palabras, un merecido tributo cada vez que se respira.

Reivindicando también un espíritu de resiliencia para levantarse cuando la situación amenaza con tornarse irreversible y el golpe promete ser demoledor. Honrar la vida "no es perdurar, no es existir". Claro que no. Honrar la vida es lo que hizo, en los hechos, tangiblemente y lejos de cualquier comparación, Guillermo Báez. Un terrenal que jamás fue parte de los "superamigos" ni tampoco dependió de una capa para convertirse en héroe.

Mucho menos de un gol agónico en alguno de los 13 equipos que al defensor zurdo promovido a primera por Carlos Bianchi, lo tuvieron en sus filas. Desde Boca hasta El Porvenir, desde Morón hasta Platense, desde All Boys hasta Argentino de Quilmes.

Éste último, justamente, un club que no olvidará jamás. En "El Mate" ascendió de la C a la B. Vistiendo su camiseta se retiró de la práctica activa y al toque recibió la propuesta de Pedro Monzón para sumarse al cuerpo técnico. Sin embargo, cuando su mente ya estaba enfocada al otro lado de la línea de cal, le detectaron cáncer en los testículos. Lo que vino después, en primera persona y en exclusiva con "Depo", lo cuenta él.

De remera gris, celebrando el ascenso de Argentino de Quilmes en 2019.
La familia, un verdadero sostén en momentos complicados.

"Me retiré campeón"

"Todo arranca el año pasado. Nosotros ascendemos con Argentino de Quilmes. Mi último partido fue contra Berazategui en cancha de Quilmes. Tuve la suerte de retirarme campeón. Apenas ascendimos a la B, Pedro me ofrece sumarme al cuerpo técnico. Yo ya con 40 años si bien quería seguir jugando, era consciente de que con esa edad iba a ser difícil, y como tenía en la cabeza ser entrenador o seguir jugando ligado al futbol, ni lo dudé. Acepté, pero a los dos meses me operaron de un testículo y ahí fue donde se desencadena todo. La operación descubrió algo maligno, un seminoma, que es como se llama al cáncer de testículos. Y todo eso hizo que se me formara además una trombosis pulmonar. Ahí arrancó todo. Estuve internado casi dos meses, gran parte en terapia, entré al quirófano, fui a hemodinamia un par de veces para que me broncoaspiren los coágulos y llegué a estar en coma 12 días. Pero reviví, no saben todavía ni los enfermeros ni los médicos como fue que salí adelante, tal vez por tener organismo de deportista, eso creen que ayudó. Nunca fumé, nunca tomé, y me recuperé. Obviamente, yo no me di cuenta, porque estaba dormido, pero todo el mundo me miraba cuando caminaba por el sanatorio, cuando estaba bien, seguramente por no poder creer que era la misma persona que habían visto llena de cables", reveló emocionado.

"Todas las fuerzas"

"Durante todo ese tiempo mi señora junto con mi mamá y mi suegra estuvieron firmes conmigo, nunca se despegaron. Después sí, vinieron visitas cuando ya estaba mejor, pero ellas tres siempre. ¿Qué les fueron diciendo los médicos mientras yo estaba dormido? No les decían nada, que era un día a día. Una vez llegué a estar con 3/5 de presión, casi con el corazón a punto de dejar de latir, sin fuerza prácticamente. Pero ni siquiera en ese momento les dijeron que no había esperanza. Al contrario, que iban a hacer lo posible para que yo saliera adelante, aunque no prometían nada, obviamente. La verdad es que los enfermeros, los médicos, la gente de terapia, todo el personal en realidad de la clínica La Trinidad de san Isidro, fue un espectáculo que han hecho. Lo que han trabajado sobre mi cuerpo. Todo contado por mi familia. También fue muy importante la fuerza de todos mis amigos. Dirigentes, compañeros, ex compañeros… Quiero decirles que me llegaron todas las fuerzas, lo vi una vez que me desperté y no lo podía creer. Pero volviendo al tema de los médicos, la realidad es que nunca les decían que estaba mal o bien. Siempre que era un día a día. Ellas mismas me vieron en un estado malo y seguramente habrán pensado que ese día era el último día, pero después de ese domingo que estuve muy mal, el lunes mejoré, el martes también y así hasta que me desperté. Por eso le agradezco muchísimo al departamento médico de la clínica. Se han portado de maravillas. Luego tuve la suerte de conocerlos a todos y les agradecí personalmente, porque mi mujer me había contado lo que había hecho cada uno de ellos por mi", siguió.

"Nunca supe qué pasó"

"Cuando me sacaron el tubo para ponerme el respirador normal lloré de la emoción, abrazado a mi familia. Lo mismo cuando nos fuimos de alta, el 11 de noviembre. Se nos aflojaron las piernas, fue como una explosión después de estar dos meses ahí adentro, porque entramos, pero no sabíamos si íbamos a salir. Y acá en tu casa llorás también, llorás en el baño a escondidas, con tu mujer, con tus hijos también lloras… de felicidad también a veces. Y la verdad todavía no caigo. Yo entre a hemodinamia lo más bien y salí intubado y me desperté a los 15 días, así que no puedo tomar real conciencia de lo que viví. La familia sí, porque me han visto todo cableado, mal, así que quedará para ellos, en su conciencia, ese momento. Yo nunca supe qué pasó".

Por último, continuó con su relato: "Yo tengo una virtud, tengo muchos errores, pero una virtud muy importante para mí: siempre fui positivo, constante, tiro para adelante, algo que en el futbol fue muy importante, soy muy fuerte, eso también hizo que en la enfermedad esta salga todo bien, por ahora, y si bien sigo con controles, con medicación y con tratamiento, ya lo hago desde otro lugar ¿Cómo me siento hoy? Me encuentro bien, por suerte, en medio de una quimioterapia, un tratamiento oncológico, pero por suerte lo peor ya pasó". De eso, no hay ninguna duda.

Agradecido al Mate

A lo largo de la nota, Guillermo Báez recalcó en varias oportunidades el valor que le da al tratamiento humano que recibió en Argentino de Quilmes desde que se le declaró la enfermedad.

"Siempre me bancaron. Tanto Pedro, como el resto cuerpo técnico y el presidente, Sosa. No tengo palabras de agradecimiento para ellos, en un momento tan difícil para conseguir laburo. Seguramente en breve volveré a la cancha, al club, al entrenamiento. Ahora me refugio acá con la familia, que está apoyándome como siempre, sin ellos hubiese sido todo mucho más difícil. Desde luego estoy con ganas de reintegrarme al trabajo, pero sin salud no hay nada, lo sé muy bien y lo saben muy bien. Mi objetivo es recuperarme y para el 5 de diciembre poder estar a la orden, afilado para lo que viene. Mantengo charlas diarias con Fito González, Jorge Benítez y Juan Romero, lo mismo que con Pedro, para estar informado de los trabajos. Fui al amistoso con Victoriano Arenas y a los que no pude trate de verlos por TV o por internet. Más allá de que no pueda asistir por el tema de mi recuperación y por la pandemia, estoy muy al tanto de todo", nos contó.

El gesto de Carlos Bianchi

Veinte años de carrera completó Guillermo Báez. Sus inicios se dieron en Boca y a fines de la década del 90 nada menos que Carlos Bianchi lo promovió al plantel profesional, que en esos momentos contaba con jugadores de altísimo prestigio para el mercado local. Si bien el ex defensor al tiempo debió tomar nuevos rumbos, el lapso que entrenó en Primera, evidentemente, bastó para dejar un grato recuerdo puertas adentro. A tal punto, que luego de despertar del coma recibió saludos y mensajes muy gratos, algunos muy especiales. "Me contaron que Bianchi estuvo pidiendo mi teléfono, que tenía ganas de ir a verme o de hablar conmigo. Y que estuvo preguntando por mi salud", aseguró Báez, quien afirmó que esta situación "lo sorprendió", pero por "el tiempo que pasó" y no por "la personalidad de Carlos, que seguramente dirigió un montón de jugadores y se acordó de mí. Eso me llenó de orgullo", nos reveló. 

"No tuve ayuda psicológica, ni la pedí"

El 11 de noviembre del año pasado, Guillermo Báez recibió el alta para abandonar la clínica, y cuando transitaba los primeros pasos de recuperación, desembarcó la pandemia COVID-19, con todo lo que eso implica para un paciente de sus características. "No fue fácil pasar la pandemia. Jugué 20 años al fútbol, todos los días estaba con una pelota. No tuve ayuda psicológica ni la pedí, me refugié en la familia, en mi señora, ellos fueron los que me apuntalaron, los que me dieron ganas. No voy a negar que tuve días en los que estuve mal, en los que me preguntaba ´¿cómo puede ser que esto me pase a mí en este momento?´, ´que no pueda salir y tenga que estar encerrado por ser factor de riesgo´ con todo lo que eso incluye. Yo encima tuve doble enfermedad, porque fue el cáncer y la doble trombosis. Fue duro, principalmente los primeros meses. Luego empezamos a entrenar por zoom, algo que me despejó un poco y cuando la AFA autorizó a entrenar me pasó esto de que tuve que volver a la quimio. Todo muy difícil, pero sé que esto me va a servir para volver más entero. Espero, deseo, imploro que esto se acabe pronto".

Por Damián Basile

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