Carlos Bilardo cumple este sábado 81 años. Si bien no atraviesa uno de sus mejores momentos en cuanto a su salud, el Narigón no deja de estar presente en la memoria colectiva. No es para menos, ya que fue el gran artífice de aquel equipo que, de la mano de un mágico Diego Maradona, ganó el Mundial del 86. Y uno de los trabajadores silenciosos que tuvo ese seleccionado fue Julio Olarticoechea, que estuvo visitando al Doctor, que se recupera de una intervención quirúrgica debido al el síndrome de Hakim-Adam.

"Lo vi bastante bien, pude hablar con él y rompí el hielo al preguntarle: 'dígame Carlos, ¿por qué nos hace recordarlo tanto?' Lo hice sonreír. Me preguntó por los muchachos y le comenté que siempre estamos en contacto", contó el Vasco al portal Infobae. Claro, no es difícil adivinar en qué tema ocuparon el mayor tiempo de la charla: el fútbol. "En el poco tiempo que estuve sólo hablamos de fútbol. Él ve mucho las ligas de Europa porque los partidos de acá lo aburren", certificó.

Recordó que, en un momento el que había decidido irse de la Selección, el Narigón se lo cruzó en la calle y lo convenció de volver de una manera muy particular: "Encontró un ladrillo, fue a una pared en una casa y dibujó la charla técnica. Me explicó que quería que volviera a la Selección como marcador volante, la gente que pasaba lo miraba a Bilardo haciendo rayas en la pared. No lo podían creer".

Olarticoechea destacó que "la mejor enseñanza que me dejó Bilardo fue la exigencia y cómo tenías que estar a la altura para jugar en la Selección, de querer la camiseta. No podías descuidarte física ni personalmente. Cada entrenamiento era una batalla. Para nosotros fue un ejemplo de trabajo. No es común que los jugadores se acuerden mucho y tengan contacto con los entrenadores como pasa con él. Por eso uno siente ese deber de estar al lado suyo".