Su aparición en el fútbol argentino fue explosiva. Está ubicado entre los jugadores más rápidos y con gambeta en velocidad más notable de la historia. Nació en Henderson, provincia de Buenos Aires, el 9 de enero de 1967, Claudio Caniggia hoy cumple 52 años. Siempre se mostraba sumamente desequilibrante, conjugaba con llamativa facilidad el amago corto y largo y era un especialista para inspirarse en los cambios de ritmo. Consiguió el respeto irrestricto de los adversarios, temían su impresionante rapidez y sus piques demoledores, adornados con zigzagueos impetuosos. Las puntas y las diagonales fueron sus trayectos preferidos y los centros a la carrera eran mortíferos. Con sus enganches impredecibles era capaz de enloquecer él solo toda la defensa.

En sus inicios, los entrenadores coincidían que se trataba de un jugador de un tiempo. La idea consistía en explotar la premura del traslado del balón en la segunda etapa, cuando los defensores rivales estaban agotados. Pero se impuso su tenacidad y logró demostrar que podía jugar al mismo ritmo durante todo el partido.

En 1982 aterrizó en las inferiores de River, pasó por séptima, sexta y poco tiempo en quinta. “Los comienzos fueron terribles, vivía en la casa de mi tía Blanca, en Ituzaingó. Tenía que ir al colegio y después entrenar…fueron tiempos de mucho esfuerzo. Tenía quince años, extrañaba a mis viejos y mis hermanos y me la pasaba viajando. Más de una vez tuve ganas de largar todo y volver a mi pueblo”, sostuvo Claudio.

Mi entrañable amigo José Ramos Delgado (falleció el 3 de diciembre de 2010), técnico interino en River, me contó que descubrió a Caniggia. "Lo encontré una tarde totalmente deprimido y decidido a volver a Henderson, después de conversar un largo tiempo logré convencerlo. Lo puse en Primera en 1985 y logré traer a su hermano mayor y alquilaron un departamento, casi perdemos un jugador sensacional. Dos años fueron suficientes para sacar patente de crack en el plantel Millonario", resaltó el Negro. En el Club de Núñez jugó desde 1985 hasta 1988, jugó 51 partidos y marcó 8 goles. Conquistó 4 títulos: Campeonato de Primera División de 1986; Copa Libertadores, la Intercontinental ’86 y la Interamericana del ’87. En 1988 fichó para Verona de Italia, Atalanta, Roma y Benfica.

En 1995 lo repatrió Boca. “Llegar a la Ribera fue una bocanada de oxígeno. Soy hincha de Boca desde que tengo uso de razón, mi viejo es un terrible bostero. Tenía en Henderson un negocio de artículos del hogar. A los nueve años conocí la Bombonera y fue un recuerdo imborrable”, subrayó Caniggia. En Boca estuvo desde 1995 hasta 1997, en 47 partidos anotó 15 goles y revolucionó a la hinchada.

Lo bautizaron el “jugador del pueblo” porque lo identificaron siempre con el seleccionado nacional, donde se convirtió en una pieza irremplazable. Muy pocos pudieron gozar del privilegio de ser reclamados por casi todo un país para integrar el equipo celeste y blanco y Claudio es uno de ese liderazgo. Con Diego Maradona, fueron los jugadores más carismáticos que tuvo la Selección en el siglo XX. Fue máxima figura en el Mundial del ’90, marcando goles decisivos a Brasil e Italia. En el Mundial ’94, con Basile, iba en camino a la consagración definitiva. Lo perjudicó la eliminación del equipo, luego de la exclusión de Diego por doping. “El hijo del viento fue inolvidable como tornado y huracán”, se lo recordará siempre como el viento que es viejo y sigue soplando….

Alfredo Luis Di salvo

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