Ubicarlo en la vieja guía telefónica, sin dudas, hubiese demandado un periquete. Los Maximiliano Kadijevic, por varias razones, evidentemente no abundan.

El ex arquero, campeón con Huracán y con pasos por Defensa y Justicia, All Boys y El Porvenir, entre otros equipos del ámbito local, parecería ser auténtico y no exclusivamente por sus datos filiatorios.

También por su picardía, por su influencia positiva dentro del vestuario y por las particularidades de color que caracterizaron su carrera, a lo largo de la cual fue protagonista de sucesos que aún perduran en el recuerdo y que hablan de un tipo distinto.

Así luce actualmente el ex arquero.

No cualquiera se atreve a interrumpir un partido "para ir al baño" con el afán de complicarle las cosas al árbitro o a correr cuarenta metros con la intención de "ajusticiar" con un derechazo a un entrenador rival, pero tampoco a evidenciar códigos de honestidad con decisiones con van contra el bolsillo, en un ambiente donde casi todo es plata: decirle al adiós al fútbol por notar que su salud estaba en peligro y comprender, en paralelo, que seguir cobrando un sueldo sin estar metido en la competencia se hubiese asemejado una señal de egoísmo, frente al club, los hinchas y sus compañeros.

"Les avisé veinte minutos antes de un partido a los dirigentes y me fui. El bolso quedó armado, tal cual como estaba en la concentración, durante un año", contó el ex guardavallas, que se retiró en Defensores de Belgrano, en medio de rumores que asociaron se determinación de colgar los botines a tratamientos psiquiátricos y otras yerbas. El propio "Kadi", que según se jacta es "el único futbolista de origen griego en jugar oficialmente en la Argentina", admitió que necesitó ayuda profesional y recorrió con Crónica del Ascenso lo que fueron esos años de pastillas y consultorios, para evitar la cabeza explotara y mejorar su calidad de vida.

El arrepentimiento

"A nivel personal creo que lo que puedo arrepentirme de poner boliches junto a mi hermano, durante los últimos tres o cuatro años de mi carrera. Eso le quitó mi atención a lo que era el fútbol. Tenía la cabeza partida. Me preocupaba el 9 contrario tanto como el inspector que quería venir a clausurarme el local. Por eso me retiré joven, en un momento muy conflictivo de mi vida comercial, algo que me llevó a estar muy presionado. Me apoyé en profesionales, en psicólogos, en psiquiatras, hasta que me acomodé. Y empecé la nueva vida. Fue un combo complicado. Me arrepiento de no haberme dedicado de lleno y haber prolongado mi carrera, porque hoy lo veo a Martín Ríos, que fue compañero mío en Huracán, brillando con 42 años en la Primera Nacional. La cabeza en esto es todo, te saca o te mete en el fútbol, y yo la tenía partida al medio".

Cambio radical

"Habíamos puesto unas canchas de fútbol con mi hermano, con un bar, y de la nada nos encontramos con un boliche. No éramos del palo ni me sentía bolichero. Fue para ese lado. Estábamos en una avenida de Ramos Mejía, lugar ideal. No lo sabíamos manejar y ese era el miedo que teníamos, pero estuvimos doce años con el boliche y nunca nos pasó nada, más allá de los fantasmas que yo veía. Por suerte la plata la invertí bien, tampoco es que se gana tanto en el Ascenso, pero bueno pude retirarme con mi casa y otras cositas más y eso fue suficiente", acotó.

De la vergüenza a la realidad

"Por suerte tuve mucho apoyo de mi hermano que me bancó en mil pero como soy el más grande siempre fui medio protector, por eso en lugar de hacer lo correcto y apagar el celular en la concentración, dormía con el teléfono en el pecho por si me llamaban por algún problema en el boliche. Tenía que ir a hablar al baño para no despertar a mi compañero de habitación. Por suerte salí adelante, tuve una recaída hace un tiempo pero hace dos años que no tomo medicación. Antes uno tenía vergüenza de decir que iba a esos lugares pero tenemos que darnos cuenta de la importancia de los profesionales. No es fácil, porque la sociedad te mira mal".

El momento del adiós

"En una ocasión llegué a sentirme perseguido, que me seguían con un auto. No sé si me quería chorear o qué. Al otro día fui a jugar y no podía sacármelo de la cabeza. No podía. Y en lugar de decirles a los dirigentes que me quería tomar una semana para liberarme un poco, decidí retirarme de todo. Se ve que el fútbol me tenía también un poco cansado. Gracias a Dios no hubo situaciones extremas, salvo esa. Por suerte estuve contenido y no daba para hacer más locuras que las que ya hacía. Llegué a mi casa, dejé el bolso armado y no lo toque por un año, quedó como ese día de la concentración", describió.

Su vida hoy

"Actualmente no sigo ni medicado. Ando sí con un tema vascular porque tengo un trombosis en una vena de la clavícula. Sí sigo con psicóloga, con quien charlo cada quince días. Estoy libre de medicación, me voy manteniendo con las charlas. Vas una vez por semana y la llamas en casos de urgencia. No hay que dudar, esto es como cuando te duele la muela y llamas desesperado al dentista. Cuando sentís que la cabeza no te está funcionando bien, tenés que ir al psicólogo", cerró.

Por Damián Basile

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