Juan Carlos “Pichi” Loustau siempre trató de exhibir un estilo de arbitraje equilibrado. No estaba circunscripto en la corriente reglamentarista ni tampoco permisivo en el beneficio del juego. Para entenderlo mejor, no era ni Castrilli ni Lamolina. Sino que manejaba una mezcla ecuánime de ambos. Tenía gran talento para efectuar la lectura del partido y excelente velocidad mental para tomar decisiones. En muchas oportunidades, sus fallos pudieron resistir la crítica de las repeticiones televisivas; de ahí su importante trascendencia. ¡Fue un importante representante en su época!

Siempre exhibió un estado físico excepcional y seguía el juego el juego desde muy cerca, no dejando margen de error para aquellos que protestaban sus fallos. A pesar de ello, como les sucede a todos, tuvo complicaciones por resoluciones discutidas y serios cuestionamientos de los –supuestamente– perjudicados, pero siempre acompañó las decisiones con una fuerte personalidad.

Uno de los episodios más dramáticos lo sufrió en Tucumán, donde fue interceptado y agredido ferozmente cuando se dirigía al aeropuerto, después del partido disputado entre San Martín y Boca, en abril del ’89.

“La vida del árbitro que hace cumplir el reglamento es dura. Aquel fue un incidente bravo, del que por suerte pude zafar”, subrayó Loustau.

Fue árbitro desde 1979 hasta 1994, dirigió 385 partidos. Se destacó en encuentros internacionales por Copa Libertadores, Eliminatorias y en el Mundial de Italia ’90. “Cuando la Argentina le ganó a Brasil quedé marginado de continuar dirigiendo en el Mundial, pero a la vez tuve la oportunidad de arbitrar Alemania-Holanda. Jamás imaginé poder dirimir un enfrentamiento entre dos países con tanta historia. Tomé conciencia que sería mi último gran partido en mi carrera. Era la despedida de los mundiales, mi final” agregó el “Pichi”.

–¿Cómo observa el fútbol actual?

–Muy dinámico, con más roce físico y menos destreza táctica y estratégica. No es el que más me agrada; cada vez hay menor capacidad individual. Bebelo Reynoso es un zurdo de una tremenda habilidad y casi no tiene lugar en el primer equipo de Boca, es muy talentoso e intenta gambetear y cuando lo dejan hace maravillas. Hoy en la mayoría del juego el balón es a un pase. Estamos perdiendo nuestra identidad de la picardía y del potrero.

–¿No le parece que hay una exagerada simulación de faltas por parte de los jugadores?

–Sí, es complicado dirigir hoy. Esa actitud predomina en el fútbol local, ya que internacionalmente se ve muy poco. Existen muchos intereses en juego y hay que llegar al objetivo de cualquier manera. Tratar de jugar todas las copas posibles, porque son muy remunerativas para los clubes. El árbitro no puede estar conversando con los jugadores continuamente y sacando tarjetas amarillas. Es como en un colegio, finalmente no le prestan atención al maestro que derrocha autoridad y hasta le llegan a perder el respeto.

–¿Qué opina del VAR que ya es una realidad?

–Estoy de acuerdo, si está bien utilizado. Nos tenemos que acostumbrar porque ya la medida de ser usado no tiene retorno. Sirve cuando mejora el juego y lo hace más justo. Pero el árbitro no debe dilapidar su esencia. Tiene que seguir aplicando el reglamento, y es la máxima autoridad dentro del campo de juego, si decide expulsar un jugador tiene que hacerlo. No sentirse condicionado por el VAR, que es una herramienta que lo ayuda a decidir en jugadas dudosas. Considero que todavía falta que el mecanismo sea más aceitado, todo lleva su proceso y es inevitable.

–Miguel Angel Scime, ex presidente de la Escuela de Árbitros, considera que su hijo, Patricio, es el mejor árbitro de la Argentina. ¿Qué opina?

–La calificación la refieren los jugadores, técnicos y periodistas. Yo considero que está haciendo una gran carrera. Tiene un estilo personal, muy distinto al mío. Una de sus mayores virtudes es que entiende el juego y la credibilidad que se ha ganado es mérito propio. Estoy convencido que los errores que podés cometer dentro de la cancha son involuntarios. Ahora bien, no te podés equivocar ni una sola vez fuera de la cancha, porque si lo hacés no mereces ser árbitro. Estoy orgulloso de Patricio, a su manera está transitando un camino correcto.

Por Alfredo Luis Di Salvo

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