Si analizamos la historia de los Superclásicos advertimos que se registran vuelcos inesperados que generan euforias en los hinchas, y ganan partidos equipos que aparentemente estaban liquidados. Tomamos algunos ejemplos: aquel del ’53 que Boca estaba derrotado por 2 a 1 y en los cinco minutos finales convirtió un triunfo sorprendente de un 3 a 2.

Aquel del Torneo 1962, que River perdía sin atenuantes con gol de Valentim y lo dio vuelta en cuatro minutos con dos tantos de Luis Artime y uno del brasileño Delem, venciendo 3 a 1.

Pero lo sucedido la primera fecha del Nacional de 1972, jugado el domingo 15 de octubre, en cancha de Vélez, fue inexplicable. Hace 46 años y jamás volvió a repetirse un marcador tan abultado.

Fue emotivo desde el principio al fin, donde podían haber ganado cualquiera de los dos equipos. Se vieron nueve goles, un penal atajado, la victoria cambió tres veces de dueño y la definición del cotejo se concretó cuando se bajaba el telón de la batalla, llegó en el minuto de descuento.

El árbitro era Luis Pestarino y técnicamente Juan Urriolabeitía conducía a River y José Varacka a Boca.

Todo resultó sorpresivo, se inició el encuentro y al minuto gol millonario obtenido por Mastrángelo, a los ocho minutos aumentó el marcador mediante un remate de Pinino Mas y 2 a 0. Al cuarto de hora, Pestarino sancionó penal a favor de los xeneizes, lo ejecutó el “Chapa” Suñé y Perico Pérez lo atajó; otro episodio que produjo tensión en ambos bandos.

También, inesperadamente, comenzó la resurrección boquense: golazo de Curioni, golazo de “Mané” Ponce y antes de finalizar el primer tiempo, una genialidad de “Patota” Potente colocó el marcador 3 a 2 ¡Increíble!

Empieza la segunda etapa con nerviosismo de los dos lados, y desde el arranque otra vez Potente perforó la red y 4 a 2. Locura generalizada, podía pasar cualquier cosa, siempre que sea impensada. River había sido barrido de la cancha y superado en el resultado.

Pero, el suspenso por la acciones de los jugadores no culminaron. De repente, vino un cabezazo de Pinino Mas, se le resbala la pelota de las manos a Sánchez y se mete adentro del arco.

Pinino habrá convertido, exageradamente, diez goles de cabeza en toda su carrera de los 290 que conquistó, ese día la metió con un frentazo. Iban 12’ del complemento. Había tiempo de que River pudiese resurgir. Y resucita. Nuevo empate, 4 a 4, se escapó el “Puma” Morete e infló la red.

El encuentro estaba para River, después se hizo de Boca, ahora para cualquiera de los dos. El único que sabía el resultado final era el destino. La tomó Dominichi, y el pase fue hacia Mastrángelo que la cruza de zurda al palo opuesto, Morete realizó un pique demoledor y la reventó contra el arco, ubicado a un metro de la raya.

Enmudeció La Doce. El Millonario todavía lo están gritando, no se puede expresar con palabras. Fueron 9 goles pasaron 46 años y nunca se repitió y pensamos que jamás volverá a suceder, porque fue un partido desquiciado donde prevaleció lo impensado.

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