Nada dura para siempre. Esa frase dicha entre semana por Marcelo Gallardo, cuando habló sobre su continuidad, se puede aplicar perfectamente a lo que pasó en la rara noche de Santa Fe, en la que no se llevó nada de Bueno.

River, con un equipo totalmente alternativo pensando en la Copa Libertadores, lo pudo haber ganado (sobre todo en los primeros minutos del segundo tiempo), pero se descuidó en una pelota parada y lo pagó caro: perdió 1a 0 contra Colón, con gol de Gonzalo Bueno, y se quedó sin invicto (volvió a caer después de 32 partidos, el último había sido el 24 de febrero, contra Vélez, por 1-0).

Así, el elenco del Muñeco llega de la manera más inesperada a la ida de la semifinal de la Libertadores contra Gremio. Palo a palo.

Así se puede definir el primer tiempo en el Cementerio de los Elefantes. Pero no por las propuestas que generaron ambos equipos, que de hecho fueron pocas. Sino porque en dos ocasiones, el palo apareció para jugar en favor de River, que no la pasó del todo bien en Santa Fe.

Si bien empezó mejor, tuvo pocas ideas y no se pudo imponer. Y Colón, con poco, se animó. Se asoció con la pelota y empezó a generar peligro, sobre todo por las bandas. Y pudo ponerse en ventaja. Pero un protagonista inesperado hizo su aparición: el poste. Lo tuvo Tomás Chancalay. Después, Javier Correa. Pero el palo dijo que no en ambas chances. El complemento tuvo una tónica totalmente diferente.

El Millonario se plantó en campo de juego del Sabalero, que cedió completamente el dominio y esperó agazapado alguna contra para poder abrir el marcador. Primero avisó con un remate de Ignacio Fernández, que se desvió en un defensor local y la pelota le quedó a Lucas Pratto. Pero increíblemente cabeceó para cualquier lado. Sin embargo, el actor principal de Santa Fe volvió a hacer su aparición: el palo.

Lucas Martínez Quarta tuvo un cabezazo, que pegó en el travesaño ante la atónita mirada de todos en Santa Fe. Parecía que River se lo llevaba... Pero en el momento menos esperado, Colón golpeó por una pelota parada.

En una jugada llena de rebotes, la pelota le quedó a Gonzalo Bueno, que tan sólo tuvo que empujarla para marcar el único gol de la noche, que le dio un golpe de gracia al Millonario antes del crucial partido por la Copa Libertadores: no mereció perder, pero no supo manejar el trámite y se quedó sin invicto en tierras santafesinas.

 
Germán Lux no llega a tapar el remate de Bueno (Fotobaires).

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