Una jugada puntual, generada en un puñado de segundos, puede marcar a fuego la carrera de un futbolista. Emmanuel Gigliotti podría confirmar esa teoría, considerando que hace cuatro años convive con una carga a la hora de ejecutar penales. ¿Cuándo empezó el karma? En la Sudamericana 2014: en un River-Boca, el Puma tomó la pelota y ejecutó la pena máxima en el Monumental, pero Marcelo Barovero lo contuvo y marcó un precedente. Es que el delantero fue condenado por fallar, a tal punto que su alejamiento del Xeneize se aceleró imprevistamente y tuvo que recalar en el ignoto fútbol chino.

El "duelo" lo hizo a miles de kilómetros, hasta que Ariel Holan levantó el teléfono para darle una nueva oportunidad en su país natal. Ante el llamado no lo dudó al considerarlo como una revancha, con el atenuante que el destino nuevamente le puso por delante un penal (por Sudamericana) con la camiseta del Rojo. ¿Qué ocurrió? Leao Butrón, arquero de Alianza Lima, se tiró hacia su izquierda (al igual que Trapito) y frenó el remate del Puma.

Ese desencanto de Gigliotti con los penales se reflotó en la semana, debido a que no apareció en la lista de los ejecutantes contra Brown de Adrogué, por Copa Argentina. Después de la eliminación, en conferencia de prensa el goleador manifestó que "patearía contra River".

Pero este sábado, en el Libertadores de América, volvió a ejecutar desde los doce pasos, y esta vez fue Leonardo Burián el que le ahogó el grito de gol, generando el desconsuelo del centroatacante, quien fue alentado de manera permanente por una hinchada que trató de brindarle apoyo hasta la finalización del pleito.