Es verdad que San Martín jugó mal durante el primer tiempo. También es verdad que Patronato fue amplio dominador en gran parte del partido, pero se quedó en la última parte y permitió la remontada de los tucumanos.

Sin embargo, la actuación de Fabricio Llobet desvirtuó cualquier situación que pudieron haber generado uno u otro equipo. Es que el árbitro sancionó tres penales inexistentes (dos a favor del Patrón y uno para el Ciruja) que, sin querer, transformó un partido parejo en un bochorno.

El Patrón se puso en ventaja con un cabezazo de Barceló, pero luego sacó amplia ventaja con dos inventos de Llobet. Primero, Moreira se zambulle en el área sin que nadie lo toque y luego Acevedo se resbala dentro del área y cae con su mano sobre la pelota. Sperduti y Barceló, respectivamente, aprovecharon para poner 3-0 el juego.

En el complemento, el árbitro decidió darle vida a San Martín cuando le dio un penal que también dejó dudas (la pelota pega en la pierna antes de dar en la mano de Geminiani). Bieler anota y el Santo se puso a tiro cuando Tino Costa puso el 3 a 2. Y Pons, a cinco del final le dio el empate en lo que empezó como una parodia y terminó como un partidazo.

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