Hay dolor. Tristeza. Del otro lado del teléfono se escucha una voz firme, la de su padre Sergio, ante el llamado de Crónica, que intenta no quebrarse ante una situación dramática, impensada, pero que finalmente terminó golpeando duramente a una humilde familia.

El pasado 4 de agosto sucedió lo peor. Una tragedia. Leandro Latorre, de apenas 17 años, decidió terminar con su vida.

Oriundo de Río Negro, de un pueblo llamado Ingeniero Huergo, el juvenil futbolista, con pasado en las divisiones juveniles de Aldosivi entró en desesperación por quedarse sin club y optó por un fatídico final: el suicidio.

Todavía cuesta entender lo sucedido, pero lo más doloroso es que pasó y este chico que soñaba con triunfar y ser una estrella en el fútbol grande hoy ya no está entre nosotros.

El porcentaje de jugadores que llegan a primera es minúsculo en comparación con el de los que quedan en el camino. Y acá hay que prestar la mayor atención. La mayor responsabilidad de los clubes formadores debe estar en el segundo grupo.

El fútbol es un rato, pero la vida es otra cosa. Esta lamentable historia comenzó realmente a mediados de 2019, cuando el club marplatense lo marginó de la pensión estando lesionado.

Y partir de ahí, el Pola, como le decían, entró en una debacle anímico y emocional, siguiendo en caída libre hasta este inimaginable desenlace fatal. Como la mayoría de esos pibes, sufrió un destrato que lo sumergió en una profunda tristeza. Y el apuntado por todo lo ocurrido es el Coordinador General de la Divisiones Juveniles del Tiburón, Fabio Radaelli.

"El día 22 de junio del año pasado nos llama Leandro desde Mar del Plata, llorando y en muy mal estado. Radaelli lo había convocado para decirle que tenía que dejar la pensión porque ya no calificaba. Cuando nos cuenta eso, Leandro tenía 16 años. Nosotros estábamos a 1.200 kilómetros de distancia y queríamos estar con él, contenerlo. No estaba sólo, estaba con sus compañeros de pensión, pero sin ninguna personal adulta para controlarlo. Inmediatamente le mandó un par de mensajes a Radaelli, en los cuales detallo mi pensamiento al respecto, en el que había estado mal su manera de proceder y que una decisión de esta magnitud primero la tendrían que saber los padres, especialmente porque la mayoría de los chicos viven lejos y se complica la contención inmediata. Además le aclaro que el señor Moscuzza, actual presidente , lo había visto jugar a mi hijo en Villa Regina, y que le había garantizado protección y cuidado a nuestro hijo. El compromiso del club ante mi hijo y ante su familia, era ´con pensión'. Y le aclaré que éstas noticias no se las deberían dar tan cruelmente a los niños porque ellos tienen un sueño", arrancó contando Sergio, quien se desempeña como juez de paz.

Y siguió: "Radaelli me contesta que lo que hizo está bien. Al otro día salimos para Mar del Plata y durante el viaje intentamos hablar con este señor (por Radaelli). Es el día de hoy que no conozco su voz, nunca me llamó y después de lo sucedido tampoco apareció. Yo lo llamé y nunca atendió. Todo lo de él fue siempre a través de mensajes de whatsapp. Es un cobarde. Allá en Mar del Plata nunca dio la cara. Tenía mucho dolor Leandro. Su amor era el fútbol".

Nadie dio la cara

La secretaria del club, de nombre Luján, sólo le envió un mensaje a Sergio, quien le respondió rotundamente: "Yo quiero que pierda el contacto con los chicos, mándenlo a cortar el pasto, a barrer la calle, no quiero que lo echen. Mucha gente me llamó para solidarizarse, que entendió lo que pasó. Radaelli es el cáncer que tiene el club, es muy dañino. El día que falleció mi hijo le mandé la noticia. Y no me contestó. Es una rata. El puerto está lleno de ratas, que se fijen que se escapó una y se metió en el club. Creo que el legado que nos dejó Leandro es llegar a los chicos y que hablen y que no les tengan miedo ni al coordinador ni a los técnicos".

Y al final contó un episodio lamentable: "Leandro estaba viendo un partido en la tribuna y se acercó al vestuario en el entretiempo para brindarle su apoyo a sus compañeros. De casualidad, entró Radaelli y les dijo a los chicos que "si no se rompían el c...," iban a terminar fuera del club y de la pensión como Leandro. Hubo muchas situaciones como éstas".
 

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