El primero que creyó en Osvaldo Ardiles, fue el técnico César Menotti. El hincha no lo aceptaba, era resistido, prefería para ese puesto a Juan José López, que no pensaba abandonar River. La Selección, hasta la llegada de César, no despertaba la ambición de integrarla en el jugador de fútbol por su tremenda desorganización.

Ardiles nació en Córdoba, el 3 de agosto de 1952. Su gran obsesión era recibirse de abogado, abandonó cuando le faltaban trece materias para cumplir con su sueño.

Como futbolista debutó en 1973 en Instituto de Córdoba, después pasó por Belgrano para recalar finalmente en Huracán, cumpliendo allí una campaña muy exitosa, al punto de que se constituyó en el referente del equipo obteniendo dos subcampeonatos consecutivos. Desde el Globo fue ratificado en el seleccionado nacional y los que lo silbaban, de a poco, empezaron a reconocer sus condiciones. Para los que no lo vieron, fue un mediocampista talentoso que marcaba los tiempos del equipo, tanto en la defensa como en el ataque. Sabía distribuir el balón con una dinámica asombrosa.

“El trabajo que realizó El Flaco fue descomunal en todo sentido. Supo incorporarnos y convencernos que lograríamos el título ante la incredulidad de la mayoría. Al verlo trabajar y conversar con cada uno, me hice menottista hasta la médula, con él se jugaba bien al fútbol. ¡Fue un revolucionario total! Nunca comulgué con el esquema tacaño de Bilardo. Aunque reconozco su brillante título obtenido en México ’86, pero me molestaba su estilo. Ricardo Villa, mi mejor amigo, junto a Daniel Passarella, me brindaron un apoyo moral indispensable para seguir, porque pensaba en renunciar”, supo resaltar Ardiles.  

Durante la dictadura, un tiempo político espinoso, oscuro y conflictivo, se ganó la primera Copa del Mundo para Argentina, en 1978, y el tesón infatigable de Ardiles lo transformaron en una figura excluyente y muy importante del equipo.

“El conjunto que se armó era técnicamente inigualable; con cuatro jugadores imprescindibles: el temperamento de Passarella, la impresionante seguridad que brindaba Fillol; Kempes, en su plenitud considerado el mejor del mundo y Luque imparable convirtiendo goles decisivos. Fueros los factores esenciales del equipo. Todavía me duele que muchos hayan comentado que el partido frente a los peruanos estuvo arreglado. Fue una ofensa porque ese día arrasamos; muchos se olvidan que en los primeros minutos reventaron dos pelotas en los palos. Haber llegado hasta la final ya había sido un éxito, pero salimos a matar o morir. La charla técnica de Menotti fue conmovedora”, dijo el volante.

Ossie, tal como lo bautizaron en Inglaterra, cumplió una trayectoria brillante en el Tottenham obteniendo el campeonato de 1980/’81 y 1981/’82 y la Copa UEFA 1983/’84. Antes había pasado por el Paris Saint Germain y conseguido el título de la Copa de Francia 1982/ ’83. Para retirarse a los 39 años, en Inglaterra, en el Swindon Town Football Club.

“A la distancia admito que los militares nos utilizaron con un fin definido, nosotros nos encontrábamos en la absoluta ignorancia de lo que sucedía. Siempre fui un defensor a ultranza de los derechos humanos. Aún así, con la felicidad deportiva que le brindamos al país, reconozco convencido que aunque el gobierno de turno no respetase los derechos humanos y, suene muy doloroso, volvería a jugar esa Copa del Mundo…”, finalizó.

Por Alfredo Luis Di Salvo      

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