Tres amigos brasileños, dos de Corinthians y uno de San Paulo, cobraron el adelanto del aguinaldo y no lo dudaron: viajarán a Buenos Aires el sábado, sin entradas, para respirar el ambiente único de la final entre Boca y River por la Copa Libertadores.

El objetivo: mirar el partido en un bar y ver las conmemoraciones en el Obelisco. "No tenemos entradas pero tampoco nos importa mucho eso, yo hincho por Boca y quiero verlo en algún bar con la gente y participar de la fiesta si Boca es campeón", manifestó José Lópes, hincha de Corinthians de 34 años que destinó su aguinaldo en el viaje hacia Buenos Aires para la segunda final.

Sus amigos paulistas, Thiago y Felipe, hicieron lo mismo. "Queremos ver de cerca la fiesta de un momento histórico del fútbol sudamericano y mundial. Es la más importante, por ser un clásico, de las finales de la Copa Libertadores de América. El año que viene habrá una final en estadio neutral, entonces la última es la final más grande de todas", analizó Lopes.

José, Thiago y Felipe coinciden en que Boca es el club que más conocen los brasileños, de las nuevas generaciones, por su éxito en la final contra Palmeiras en 2000, Santos en 2003 y Gremio en 2007.

"Boca es mucho más temido por los brasileños que River, viene de la época de Bianchi con, Riquelme, Palermo, Tevez. Yo soy admirador del fútbol argentino por varias cosas, por la cultura de las hinchadas, los cánticos, las rimas, el bombo, es diferente a las hinchadas brasileñas", dice Lopes, el vocero del grupo de hinchas.

José y Thiago hincharán convencidos por Boca, club que perdió la final de la Libertadores contra su Corinthians en 2012, mientras que Felipe, que es del San Paulo, no tiene tanta simpatía por ninguno de los dos, apenas quiere formar parte de estar en Buenos Aires en el día de la superfinal.

La contracara es la de los argentinos que se quedan fuera del país durante un momento emocionalmente histórico, como le ocurre a Diego Herrera, cocinero de la marca "Dale" de comida argentina del barrio de Sumaré, en San Paulo.

"Se vive la previa a la distancia con muchos nervios. Vi todas las finales de Libertadores desde el 2000 y ahora hace algunos años vivo en Brasil. Vivo en Brasil feliz si gana Boca y si pierde me pongo triste. Es difícil de entender el sentimiento, apenas pueden percibirlo los brasileños que son de Boca, un amor inexplicable", contó.

Herrera mirará en un bar la final en el barrio de Vila Madalena de San Paulo donde vio el primer partido. A menos de 800 metros estarán los de River.

El ritual se repetirá en Copacabana, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Florianópolis y Salvador, donde los argentinos ya reservan lugares principalmente con hinchadas separadas. Habrá festejos y llanto,sí, también en Brasil.

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