Los beneficios de la Copa Argentina no contemplan únicamente la posibilidad de cumplir el sueño de muchos equipos que jamás en su historia lograron codearse con el fútbol de elite. También otorga la chance suavizar escenarios desfavorables que vienen de arrastre, aprovechando la inferioridad, hipotética de antemano, de los rivales que el organigrama va poniendo en el camino.

Boca, golpeado por los últimos resultados de la Copa de la Liga y algo frustrado por sus últimas experiencias internacionales, consiguió tomar un poco de aire gracias a la victoria sobre Defensores de Belgrano por los 16 avos del torneo más federal del país. Una competencia respetada por ofrecer un cupo para la Libertadores pero sin ninguna duda lejana a los objetivos prioritarios que suelen trazarse los grandes de nuestro país cada vez que se inicia un ciclo. Y que si bien siempre guarda margen para algún batacazo, provee otras facilidades para ir superando fases y muy difícilmente la jerarquía de las individualidades no termine siendo la llave maestra.

Nuevamente quedó claro en el Estadio Ciudad de La Plata, donde el equipo de Miguel Angel Russo, aún construido casi en su totalidad por jugadores suplentes, hizo pesar la diferencia de categoría y se quedó con el pasaporte a octavos gracias a una victoria por 3 a 0  ¿Se cruzará con River? Si el Millonario derrota a Atlético Tucumán, habrá superclásico. 

En este caso en particular, no quedaron dudas. Boca no le dio tiempo a nada a Defensores de Belgrano, que en cierta parte fue negligente y con equivocaciones propias ayudó a que el xeneize encontrara el primer gol de la noche. Fue tras una seguidilla de córners ejecutados por Zárate.

El segundo casi entra olímpico y salvó Pietrobono, pero al tiro de esquina siguiente, Juan Manuel Sosa fue directamente a impedir el cabezazo de Zambrano tocando la pelota con la mano. Claro penal que el propio Zárate mandó a uno de los rincones para darle la victoria parcial a su equipo y reencontrarse con la red. Iban apenas 10 minutos pero se vislumbraba ya un desarrollo con Boca atacando y su adversario, nervioso en determinados tramos, tratando de encontrarle la vuelta al partido.

Se le dificultó al Dragón contener los avances rivales, principalmente por los costados, donde Obando y Zeballos desequilibraron constantemente. Un tiro libre de Juan Olivares en el inicio del complemento que dio en el travesaño fue la única situación peligrosa de Defensores hasta ese momento.

El elenco del Gato Esmerado parecía experimentar una reacción, pero bastó con que Emmanuel Más apareciera en el área en posición de 9 para capitalizar un centro de Obando y colocar el segundo. Russo ya habìa mandado a Izquierdoz por Rojo (fue su primer partido de titular) para fortalecer físicamente el fondo y aunque Defensores jamás renunció al honor, entre Nicolás Alvarez  y el Flaco Goux le cometieron falta a Obando dentro del área y Zárate, otra vez desde los doce pasos, se encargó de bajarle la persiana al resultado pateando al mismo lugar.

La Copa Argentina le dio a Boca la felicidad que no encontraba en otros ámbitos. Un premio consuelo para, al menos, esconder la basura debajo de la alfombra.

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