Aunque ya se retiró de la profesión, Héctor Baldassi continúa siendo palabra autorizada en el fútbol argentino. Dejó un buen recuerdo en el arbitraje y por eso, de vez en cuando, aparece en escena para contar vivencias de su amplia trayectoria. Este sábado dialogó -vía Instagram Live- con TNT Sports y, entre otras cosas, contó cuál es el derby que más pasión demuestra en nuestro territorio. “El clásico más sanguíneo es Newell’s - Central. Yo llegaba a Rosario el día antes y ya se vivía con esa vehemencia. Iba a una parrilla y ya estaban divididos los mozos: los de La Lepra atendían por un lado, los Canallas por otro. Un  domingo antes del partido fui a misa a la Catedral, y el monseñor cuando fui a comulgar me dijo ‘que tenga suerte hoy a la tarde’. Cómo será que hasta el cura hacía referencia al partido”.

A continuación, La Coneja tuvo que elegir los mejores recuerdos o qué palmarés prefiere: “Tengo 18 superclásicos en la espalda. En un año lo dirigí tres veces, pero el Mundial es el placer máximo: es la frutilla de la torta. Y llegué sin cambiar mi estilo. FIFA sugería no agacharse, pero yo me agachaba en los penales”. Y a continuación agregó: “El primer partido del Mundial que dirigí fue Serbia-Ghana. Cobré un penal para Ghana por una mano que no vi. Lo intuí, por el movimiento y por cómo la pelota cambió la trayectoria. Los serbios eran grandotes y me decían no se qué carajo. Ahí me entró el cagazo. La duda me la saqué cuando me dirigí al arquero y en mi inglés-cordobés le dije que se quedara parado. Y el tipo -que medía tres metros y unas manos enormes- me puso una mano en el hombro y me dijo “Ok”. Esa pequeña referencia me permitió asegurar que había cobrado bien”.

Por último, también uno espacio para las anécdotas. ¿Cuál aún perdura en su cabeza? “En un Boca-Estudiantes le pegaron a un jugador de Boca cerca del banco, cobré el foul y la gente me empezó a reclamar una amarilla. De pronto veo bajar de la platea a Guillermo Coppola para decirme de todo. Me acerco a Schiavi y me pongo a hablar con él, mirando todo el tiempo a Coppola: ‘Uh, la de noches que debe tener éste’, le decía. Al otro día me llamó: ‘Ya no te puedo putear más’".

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