Es imposible de olvidarlo, pasan los arqueros y aquellos que han tenido la fortuna de verlo atajar pueden asegurar que siempre tenía un plus mayor que el resto. Creo que Ubaldo Matildo Fillol fue el que más se acercó a sus hazañas. Desde 1945 hasta 1968 jugó 543 partidos en la Primera de River Plate, 32 Superclásicos, 7 títulos y la Copa de las Naciones de 1964. Amadeo Carrizo no solamente le brindó prestigio al puesto sino que consiguió que los amantes del fútbol comiencen a opinar y a analizar el desempeño de los arqueros por el panorama que le otorgaba al arco y la influencia que transmitía al equipo.

A muchos, que seguramente no lo han visto jugar, les resultará un hecho llamativo la vigencia que tiene Amadeo. Hay una explicación lógica que justifica su actualidad: “fue un adelantado a su tiempo”. La prensa especializada lo calificó atinadamente como “Un Maestro Sin Época”. Fue el iniciador del arquero moderno, lo que hoy admiramos de los arqueros jugadores, que no abundan, Carrizo lo había hecho, y tal vez mejor, hace cincuenta años atrás. El supo definirse: “Yo era un arquero con cabeza de atacante. Por eso me anticipaba a lo que iban a hacer los delanteros”.

DEPO se entrevistó con el “Tarzán de Rufino” y opinó de distintos temas. “Me molestó mucho el descalabro que armó la Conmebol, que nos sacó la localía y dejó a infinidad de hinchas sin poder ver el partido. Por otro lado, siento una tremenda felicidad por haber conquistado la Copa Libertadores de América, en una final contra Boca Juniors, era nuestro verdadero objetivo. Es el título más importante logrado por River. Representa un orgullo haber integrado un plantel de una institución, que se encuentre ubicado como el mejor tercer club del mundo. Las cosas se consiguen cuando existe armonía y todos tiran para el mismo lado. Tenemos un presidente como Rodolfo D’Onofrio, que ordenó el club en todo sentido y hace muchas obras de caridad en el difícil momento que estamos atravesando y el público desconoce. El técnico Marcelo Gallardo, un estudioso de la estrategia que sabe sacar lo mejor de cada jugador, con una autoridad entre sus dirigidos absoluta. Algún día me gustaría verlo en la Selección, si tiene que sacar a Lionel Messi (un genio de mi profunda admiración) porque tiene un día que no encaja en el funcionamiento del equipo, no le tiembla el pulso para hacerlo. No nos olvidemos del manager Enzo Francescoli, de perfil bajo, que cuando se fueron Alario y Driussi, trajo a Pratto y Scocco, de otras características pero solucionó el problema. Lo mismo ocurrió cuando fue transferido el arquero Barovero y ficharon a Armani, en seis meses batió el record que yo tenía de arco invicto y es arquero de la selección nacional. Con esto quiero decir que es un equipo que trabaja para ganar grandes cosas”.

Lo consultamos que nos cuente algún secreto del arco y nos manifestó: ”Yo hablaba mucho con Américo Tesorieri, ya retirado hacía varios años, casualmente triunfó en Boca Juniors, y me dio consejos muy relevantes que varias veces lo puse en práctica. Lo principal es que hay que tenerse fe, cuando uno quiere, puede. Cuando llegué de Rufino, me convencí que ninguno sabía más que yo con los pies y las manos. Esa convicción me ayudó en toda mi carrera. Que no fue fácil porque me criticaron siempre, recién al final pareció que me entendieron. Muchos goles logré impedirlos porque jamás confié en el defensor infalible. Confiarnos, es una postura cómoda y trae dolores de cabeza. Nadie es invulnerable”.

Su estampa, su estilo y sus hazañas han escrito una historia imborrable en el fútbol argentino. ¡Chapó, Amadeo! 

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