Hasta hace poco tiempo estaba en las sombras de Esteban Andrada y anhelaba un cambio de aire, no por su incomodidad de estar en Boca sino porque sentía la necesidad de sumar más minutos. Pero el destino le hizo un guiño: el ex Lanús emigró y Agustín Rossi se quedó con el arco del Xeneize, al que defiende con creces -especialmente- cuando tiene un oponente desde los doce pasos.

Durante su estadía en La Ribera demostró que es un especialista en los penales. Tal es así que le patearon 37 y solamente le convirtieron 22, con el agregado que el año pasado tapó siete en la tanda de penales y tres de ellos fueron para eliminar a River de la Copa de la Liga Profesional y de la Copa Argentina. 

En este año, tuvo que esperar tres fechas para demostrar su capacidad en la pena máxima. En cancha de Vélez, Ariel Penel sancionó dentro del área una falta inexistente del propio Rossi, que se encargó de convertir su bronca en alegría. Es que le contuvo el remate a Vecchio y fue clave para quedarse con las tres unidades.

"Estuvo bien pateado, habíamos visto penales de Vecchio y de Marco Ruben, pero ya desde un principio tenía decidido ir ahí. Para mí no es penal, no lo toco. Se choca los pies y se tira, pero son cosas del fútbol. Con el VAR esas cosas no van a pasar. Hubo dos o tres penales claros que no nos cobran en el primer tiempo, pero la tecnología va a ayudar mucho", inicó su relato una vez consumado el encuentro.

Y por último se refirió al malestar por no poder tener la valla invicta en ninguna de las tres presentaciones del equipo. "Molesta un poco no mantener el arco en cero en ningún partido, pero son circunstancias que se dieron. En todos los partidos nos hicieron el gol a último momento, nos relajamos los últimos minutos cuando estamos en ventaja".

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