"Hola, Coco, el domingo quiero jugar", le dijo Martín Palermo a Alfio Basile, técnico de Boca.
"Como vos quieras, si venís, vas a jugar", le dijo el entrenador.

Este breve diálogo, se selló un sábado por la noche, cuando Palermo llegó a la concentración xeneize, para sumarse al equipo. No fue una noche más, Palermo venía de una semana muy difícil, tras la muerte de su hijo que, con apenas 6 meses pudo soportar en una incubadora dos horas, hasta que su corazón dijo basta.

El festejo de Palermo, mirando al cielo.

Para Palermo y su esposa, Lorena Barrichi, el golpe más duro de sus vidas. La pareja de Martín debió ser internada un de urgencia un día miércoles por una descompensación, y los médicos decidieron que lo mejor era que se hiciera una cesárea, a pesar de los 6 meses que apenas tenía el embarazo de Lorena. Y así se llevó a cabo. Pero la lucha del bebé no alcanzó para que siguiera viviendo.

El abrazo de los jugadores para Palermo.

Los motivos de por qué Palermo quiso jugar el domingo, ese 6 de agosto de 2006 ante Banfield en La Bombonera, es un secreto de la pareja; pero Martín quería estar en el campo de juego.

Una persona que estuvo en el hotel en el cual concentraba Boca, contó que “llegó después de la cena, y cuando nos vio se largó a llorar como un chico. Aunque no parezca, Martín es uno de los tipos más sensibles que hay en este plantel. Si siente algo, no lo puede ocultar. Después se fue a la habitación con Guillermo y se quedaron hablando hasta tarde”.

Basile lo reemplazó, y así terminaron los dos.

El domingo fue recibido como la gente de Boca sólo lo podría hacer. Y Martín, a pesar de su dolor, jugó y conquistó dos goles; el primero y el tercero del 3 a 0 con que el Xeneize le ganó al Taladro.

Mirá el video de aquel partido

Y en la cancha se vivieron momentos muy emocionantes. Con el primer gol de Boca y de Palermo, el llanto del goleador y el saludo de todos sus compañeros. Algo similar se repitió en el tercer tanto; pero aún más conmovedor fue cuando Basile lo reemplazó por el Mellizo Guillermo. Cuando Palermo se acercó al banco de suplentes fue abrazado por todos, pero en especial por el Coco, quien le dio un largo abrazo al delantero.

Tras el partido, Palermo se retiró en silencio rumbo al hospital para ver a su esposa. Allí volvieron a abrazarse y a llorar por la pérdida de su hijo, y el lunes, la pareja se fue por una puerta trasera del nosocomio para evitar a la prensa y volvieron a su hogar, con la tristeza de semejante pérdida, a cuestas.

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