La decisión fue tomada recién cerca de la hora del almuerzo. Eran épocas donde las entradas se vendían el mismo día de partido. Tiempos de empujones, gritos y forcejeos para no perder el lugar en desmedro de algún vivo instalado cerca de la ventanilla. Juan Scasserra no estaba convencido pero al final accedió al reclamo de su hijo Adrián para ver por primera vez al club de sus amores: Boca

Fue un día como hoy de hace 35 años cuando el jovencito de 14 años vería cumplir el gran sueño de alentar en vivo y directo a sus ídolos. El partido en cuestión no era de los "tranquilos"; nada menos que ante Independiente y en Avellaneda. Un clásico del último torneo Nacional disputado en primera, con dos grandes peleando la clasificación a la siguiente instancia de la ronda de perdedores.

El encuentro fue caliente y exasperó a los hinchas xeneizes por algunas decisiones del árbitro Teodoro Nitti. Un penal de Enzo Trossero no sancionado irritó al público aunque el caos, la barbarie y la tragedia empezaron a adueñarse del escenario después de que el lateral visitante Rubén Gómez viera la roja. Se jugaban 40 minutos del segundo tiempo e Independiente se imponía 1 a 0 con gol de Alejandro Barberón.

Barberón marcó el único gol del partido aquélla tarde, en Avellaneda.

Lo que hasta ese momento eran sólo cantitos amenazantes de una tribuna a la otra, se trasladó a los hechos. Un centenar de hinchas de Boca, liderados por el fallecido José Barrita, arrojó proyectiles hacia el sector que dividía la popular visitante de la platea local.

En aquel entonces, la tribuna que da espaldas a las vías del ferrocarril Roca, tenía una capacidad para 29.000 espectadores. Era inmensa. Claro que muchos hinchas del Rojo que no querían abonar la adicional que se requería para ir a la tribuna de las grandes hazañas, se instalaba a un rinconcito de ese gigante otorgado a los visitantes.

Otro detalle para nada menor es que la desconcentración del público era por la única boca de salida que tenía esa tribuna. La cuestión es que ese cruce entre hinchas de uno y otro equipo arrojándose todo tipo de proyectiles duró casi diez minutos, lo que motivó que el juego fuera interrumpido.

En ese momento se vio salir del tunel a Mouzo, que jugaba en Estudiantes de Río Cuarto, pero que en esa oportunidad había acompañado al plantel de un club en el que ganó todo. Fue corriendo hacia el lugar del conflicto para solicitarle a los hinchas de Boca que se tranquilizaran.

Mouzo, de civil, pidiendo calma a los hinchas.

La ilusión de que retornara la calma se había instalado. Pero fue sólo un espejismo. Algo que duró unos pocos segundos. Allí entraron en acción los efectivos policiales y el caos volvió a decir presente con peleas cuerpo a cuerpo. Barras xeneizes desbordaron a los uniformados de la Unidad Regional de Quilmes, quienes se vieron obligados a retroceder.

Al cabo de unos minutos y cuando algunos intentaban retirarse del lugar, los policías retornaron a la tribuna, pero ahora con sus armas de fuego en la mano. Se escucharon detonaciones y hubo un desbande generalizado en la tribuna visitante.

Incidentes y violencia, moneda corriente en ese fatídico partido.

Juan y su hijo Adrián empezaron a bajar los escalones pequeños del estadio cuando la cosa parecía tranquilizarse y se encontraron con la réplica policial. Al llegar a la citada boca, el jovencito recibió un disparo en el pecho, que le ingresó sobre la tetilla izquierda. A los pocos segundos caía desplomado en el cemento. En la investigación se comprobaría que la bala era de una 9 milímetros.

La violencia en el fútbol era un tema que por aquellos tiempos preocupaba y al que el Estado le puso un énfasis importante. Más aún después del asesinato de Adrián Scasserra, cuando esa necesidad de una norma firme que contemplara una sanción ante semejantes hechos, derivó en la elaboración de la nueva ley 23.184, conocida como Ley De la Rúa. La misma se refería, en uno de esos aspectos, a la organización de los eventos, y también a los hechos ocurridos en las inmediaciones de los estadios.

Scasserra, ya herido de bala, es trasladado por los simàtizantes.

De todas maneras, esta muerte en el fútbol jamás fue esclarecida. Eso que el padre de Adrián decía tener identificada a la persona que mató a su hijo. Sin encontrar un responsable, la justicia civil sólo dispuso una indemnización a la familia Scasserra, haciendo responsable en forma solidaria al Estado provincial, a la AFA y a Independiente.

Cabe señalar que en esa triste tarde otoñal del 7 de abril de 1995 además resultaron heridos de bala Marcelo Ortú y Rubén Retondini.

Por Diego Rodia

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