José Omar Pastoriza no dudaba en manifestar su aprecio a Talleres pero tampoco titubeaba cuando tenía que remarcar que "en Independiente me quedaría a vivir", a pesar de haber jugado en Racing, donde también se destacó y nunca lo insultaron. Quizá tenía ese privilegio por ser un tipo simple, con filosofía barrial, respetuoso de a esencia de los futbolistas y protector de los códigos de la pelota. Amaba el fútbol, también tenía apego por el cigarrillo y se sentía atraído por la noche. Y justamente la muerte lo agarró a traición en plena madrugada, en su departamento de Puerto Madero. Justamente hoy se cumplen 16 años de su muerte, aunque ese tiempo no alcanza para olvidarlo. Al contrario: cada vez se lo recuerda más, con el atenuante que en Avellaneda se ganó el derecho de tener una calle.

Nació el 23 de mayo de 1943, en Rosario, y toda su vida se manejó con respeto y con fanatismo a la amistad. Fue un líder. Su inquebrantable personalidad no le hubiera permitido otro papel. Todos los respetaron, hasta aquellos que no coincidían con su estilo de vida o filosofía futbolera.

Se forjó en las divisiones inferiores de Central. Cosechó experiencia en Colón, en primera C, y tres años después, en 1964, Racing, en una caprichosa elección del destino, se fijó en él por pedido del DT Néstor Rossi. Luego, por una necesidad económica de la Academia, abrazó la camiseta de Independiente, donde se convirtió en ídolo.

En 1966, La Academia recibió dinero más el pase de Miguel Angel Mori. A la par, el Rojo contrató a Pastoriza y, sin siquiera imaginárselo, selló un pacto con la gloria. Bajo su guía, el equipo de Avellaneda dio la vuelta olímpica en 1967, 1970 y 1971, y en la Copa Libertadores de 1972. Europa fue otro desafío y en 1972 emigró a Mónaco. 

En 1976 regresó de Francia y se sacó los botines a los 33 años. Julio Grondona, por entonces presidente de Independiente, lo convocó y le entregó el buzo de director técnico. Y eligió la práctica antes que la teoría. Fue un referente, convencido de que los grandes equipos debían consolidarse en la unidad y en la solidaridad del grupo, en esas concentraciones amenas y de asados interminables.

Sus ideas se expandieron y ofrecieron resultados inmediatos: ganó todo. Se llevó los laureles en los Nacionales de 1977 y 1978, y en las copas Libertadores y Europeo-Sudamericana de 1984. Recorrió el mundo gracias a la dirección técnica. A lo largo de una amplia trayectoria profesional, además de a Independiente, Pastoriza dirigió a otros clubes argentinos, como Talleres de Córdoba (en cuatro ocasiones), Racing, Boca, Chacarita y Argentinos. Fuera del país, a Millonarios en Colombia, a Grêmio de Porto Alegre y Fluminense en Brasil, a Atlético de Madrid en España y a Bolívar de Bolivia. Además fue Seleccionador de El Salvador y Venezuela.

En 2003 retornó al banco de Independiente por quinta vez. En dicho puesto permanecía cuando falleció de un paro cardíaco el 2 de agosto de 2004.

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