Los futbolistas se dividen en dos grupos bien marcados. Los de "elite", que aprovechan su destreza con la pelota para tener un importante patrimonio, un porvenir asegurado y una fama que no se disminuye con el correr de los años; del otro lado aparecen los que no los encandilan las luces de las marquesinas de los clubes poderosos, por lo que no tienen el futuro asegurado y conviven con la humildad y el sacrificio. En ese sentido, José Luis Sánchez podría ser uno de los pocos que integró las dos vertientes, contemplando que nunca defendió la camiseta de un grande pero su talento con la redonda le permitió ser una leyenda en el deporte más popular del mundo.

Fue tan grande la huella que dejó que aún se lo recuerda, a pesar que hoy se cumplen 15 años de su fallecimiento. Garrafa, como era conocido en el ambiente, tenía dos pasiones: la pelota y las motos. Justamente el vehículo de dos ruedas fue el que le impidió tener "la chance de su carrera" (Bilardo lo bajó de Boca por el apego del jugador con las altas velocidades) y también fue el que le quitó la vida, ya que tuvo un accidente que generó su fallecimiento el 8 de enero de 2006.

El 6 de enero de dicho año, mientras sus compañeros de Laferrere dormían la siesta tras un exigente entrenamiento de pretemporada en Ezeiza, Sánchez salió con su moto a disfrutar la adrenalina que le generaban y al intentar un "Wheelie" protagonizó una caída fatal. Después de estar dos días internados, dijo "adiós" a los 31 años en la clínica Mariano Moreno.

Con Garrafa no solo se fue el padre de dos hijos, un marido, un hermano y un hijo, sino que también se despidió un ídolo futbolístico que dejó su huella en Lafe, El Porvenir, Bella Vista de Uruguay y, sobre todo, Banfield.

El extraordinario mediocampista ofensivo había nacido el 26 de mayo de 1974 en Laferrere, en el seno de una familia "laburante". Su padre trabajaba en un reparto de garrafas de gas comprimido y heredó el apodo luego de ayudarlo en distintas etapas de su carrera de futbolista.

Garrafa y Diego. Dos cracks que ahora tiran paredes en el cielo.

Hizo las inferiores en Laferrere. Su debut en primera fue el 26 de noviembre de 1993, a los 19 años, en una inédita posición que le asignó el técnico de ese momento, José Argerich. Lo hizo como lateral izquierdo.

Luego pasó por El Porvenir, equipo que le dio la posibilidad de jugar en Uruguay defendiendo los colores de Bella Vista.

Después de su aventura del otro lado del charco, mostró su mejor versión. Fue en el Taladro, donde dejó una marca imborrable a tal punto que la platea techada que da a la calle Arenales fue bautizada con su nombre, en recuerdo -entre otras cosas- del ascenso que logró en 2001.

Luego volvió a Laferrere, donde terminó su carrera por un accidente fatal...

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